viernes, 3 de abril de 2026

El Jueves Santo Jesús instituyó el sacramento de la Eucaristía y utilizando el ritual antiguo de purificación sacerdotal del lavatorio de los pies instituyó el Sacramento del Sacerdocio católico



En el Antiguo Testamento Dios instituye el lavatorio de los pies de los sacerdotes para que se acerquen purificados al altar.


Éxodo 30:20 “Antes de entrar en la Tienda del Encuentro se han de lavar con agua para que no mueran; también antes de acercarse al altar para el ministerio de quemar los manjares que se abrasan en honor de Yahveh.”

Juan 13:8-11

Díjole Pedro: "No me lavarás jamás los pies". Respondióle Jesús: "Si no te lavare, no tendrás parte conmigo". Díjole Simón Pedro: "Señor, no solamente los pies, sino también las manos y la cabeza". Dícele Jesús: "El que ha sido lavado no necesita sino de que se lave los pies, porque está todo limpio; y vosotros estáis limpios, pero no todos"; porque sabía quién era el que lo había de entregar: por esto dijo no estáis todos limpios.


Dios instituyó  en el Antiguo Testamento el ritual del lavatorio de los pies para los sacerdotes, ordenando que era necesario obedecer el mandato de lavarse los pies en la fuente de bronce, como un acto de purificación instituido por Dios, el sacerdote no podía entrar al Santuario, si no se lavaba o purificaba antes sus pies. (Exodo 30:21), de modo que Aarón y sus hijos (como sacerdote) debían lavar allí sus pies cada vez que entraban al tabernáculo o al altar para ministrar (ofrecer sacrificio).



Y se lavarán las manos y los pies para que no mueran; y será estatuto perpetuo para ellos, para Aarón y su descendencia, por todas sus generaciones. Éxodo 30:21
— Exodo, 40 -7. Pondrás la pila entre la Tienda del Encuentro y el altar, y echarás agua en ella.
"30. Situó la pila entre la Tienda del Encuentro y el altar, y echó en ella agua para las abluciones; 31. Moisés, Aarón y sus hijos se lavaron en ella las manos y los pies."


*Abluciones = Lavatorio- Ritual de purificación por medio del agua.



Levítico 8:6

"Moisés mandó entonces que Aarón y sus hijos se acercaran y los lavó con agua. 7. Puso sobre Aarón la túnica y se la ciñó con la faja; lo vistió con el manto y poniéndole encima el efod, se lo ciñó atándoselo con la cinta del efod."
Moises purifica a los sacerdotes con agua  antes de consagrarlos.

*Abluciones = Lavatorio- Ritual de purificación por medio del agua.



Levítico 8:6

"Moisés mandó entonces que Aarón y sus hijos se acercaran y los lavó con agua. 7. Puso sobre Aarón la túnica y se la ciñó con la faja; lo vistió con el manto y poniéndole encima el efod, se lo ciñó atándoselo con la cinta del efod."
Moises purifica a los sacerdotes con agua  antes de consagrarlos.

Jesús lava los pies de todos sus discípulos para purificarlos y eliminar todo defecto e imperfección del alma.





Año Litúrgico - Dom Prospero Gueranger :

LAVATORIO DE LOS PIES. — La cena acababa, cuando Jesús levantándose, ante la extrañeza de los Apóstoles, se despoja de sus vestidos exteriores, toma una toalla, se la ciñe como un siervo, echa agua en el lebrillo y da a entender que se propone lavar los pies a los convidados. El uso oriental era que se lavasen los pies antes de tomar parte en el festín; pero el más alto grado de hospitalidad era, cuando el señor de la casa cumplía él mismo este cuidado con sus huéspedes. Jesús, es quien invita en este momento a sus Apóstoles a la divina cena y se digna hacer con ellos como el huésped más diligente; pero como sus acciones encierran siempre un fondo inagotable de enseñanzas, quiere, por lo mismo, darnos un aviso sobre la pureza que se requiere en los que han de sentarse a la mesa: "El que está limpio ya, dice, no necesita lavarse los pies" '; como si dijera: tal es la santidad de esta mesa, que para aproximarse a ella no sólo es necesario que el alma esté limpia de sus más graves manchas; sino que debe tratar de borrar las más leves, que por el contacto con el mundo hemos podido contraer y que son como ligero polvo que se pega a los pies.

  SERMÓN DEL LAVATORIO DE LOS PIES*
P. Lector Juan Planas, Dominico (1877)

Bien quisiera yo incluir en este discurso estos tres actos, así como nuestro amantísimo Salvador los incluyó en una misma cena; mas siendo esto muy difícil por la abundancia de reflexiones á que cada uno de ellos se presta, esta vez me limitaré al primero, es decir, al lavatorio de los pies. Y para declararos desde luego mi pensamiento, digo: que en el lavatorio de los pies Jesucristo nos dio tres cosas, una muestra, una figura y un documentouna muestra del grande amor que nos tiene, una figura de la limpieza espiritual que se requiere para recibir su cuerpo y su sangre, un documento sobre la humildad que nos corresponde tener como discípulos suyos.




Ritual de Purificación Sacerdotal
Catena Aurea



Orígenes In Ioannem tom. 32

Como el médico que teniendo que atender a muchos enfermos empieza sus especiales cuidados por aquellos que están más graves, así también Cristo, al lavar los pies manchados de sus discípulos, empieza por aquellos que más contaminados estaban, y así llegó en último término a Pedro, que necesitaba menos que los otros del lavatorio de pies. Por esto dice: "Vino a Simón Pedro", que se resistía a ser lavado por la conciencia que tenía de que sus pies no estaban manchados. Y así continúa: "Y díjole Pedro", etc.

Orígenes ut supra.



O bien insinúa el Señor que en esto había misterio. Lavando y secando sus pies, los tornaba purificados, a ellos, que debían predicar la santidad ( Rom 10; Is 52), para que puedan enseñar el camino santo y marchar por aquel que dijo: "Yo soy el camino" ( Mt 14,6). Convenía que Jesús, deponiendo sus vestidos, lavase los pies de sus discípulos, para limpiar más a los que ya estaban limpios. O a fin de tomar sobre sí en su propio cuerpo la inmundicia de los pies de sus discípulos, mediante el paño que tenía rodeado, porque El echó sobre sí todas nuestras debilidades. Obsérvese que, debiendo lavar los pies de los discípulos, no quiso elegir otra oportunidad sino cuando el diablo ya había entrado en el corazón de Judas para que lo entregase a sus enemigos, cuando estaba próximo su sacrificio en favor de los hombres. Porque antes de esto no era oportuno el que Jesús lavase a sus discípulos los pies. ¿Quién hubiera lavado sus pies y sus manchas en el tiempo que mediaba hasta la pasión? Pero ni aun en el tiempo de la pasión, porque no había otro Jesús que lavase sus pies; ni aun tampoco después de la pasión, porque entonces, por la venida del Espíritu Santo, fueron lavados sus pies. Así, pues, de este misterio (dijo el Señor a Pedro) tú no eres capaz, pero ya lo entenderás cuando suficientemente ilustrado lo comprendieres.

Orígenes In Ioannem hom., 32.


De esto podemos tomar ejemplo, cuán posible sea adoptar una resolución como justa, y decir por ignorancia aquello que va contra nuestros intereses. Porque Pedro, ignorando la conveniencia del acto, primeramente casi avergonzado y con mucha suavidad dice: "Señor, ¿me vas tú a lavar los pies?"; pero luego dice: "Tú, jamás me lavarás los pies", lo cual era impedir la obra que lo llevaría a tener parte alguna con Jesús. Con lo cual arguye, no solamente a Jesús que lavaría a sus discípulos los pies sin deber hacerlo, sino también a sus compañeros, que se prestan a ser lavados indignamente. Mas como la respuesta de Pedro le era perjudicial, no permitió Jesús que se realizase su deseo. Así prosigue: "Díjole Jesús: Si no te lavare los pies, no tendrás parte conmigo".

Crisóstomo ut supra.


No dijo la razón por la que obraba así, sino que formuló una amenaza, porque de otra manera no se hubiera persuadido. Cuando Pedro oyó: "Lo sabrás después", no contesta: enséñamelo, pues, y te lo permitiré, sino que lo permitió desde el punto en que fue amenazado en lo que más él temía (a saber, ser separado de El).

Orígenes ut supra.


Creo imposible que no se contaminen las partes inferiores del alma, por muy perfecto que cualquiera se crea en cuanto a hombre. Porque muchos, después del bautismo, se llenan del polvo de las maldades hasta la cabeza. Pero los que son sus discípulos, con justo título no necesitan ser lavados sino en sus pies.

San Agustín Ad Seleucianum epist. 118.


De esto que aquí se dice, se deduce que San Pedro ya estaba bautizado. Entendemos también que sus discípulos mediante los cuales bautizaba, lo estaban a su vez; o bien con el bautismo de Juan, como algunos creen, o bien, como es más creíble, con el bautismo de Cristo. Puesto que no desdeñó el ministerio de bautizar con el fin de tener siervos bautizados que pudiesen bautizar a los otros, Aquel que no faltó al ministerio de la humildad cuando les lavó los pies. Por esto prosigue: "Y vosotros estáis limpios, pero no todos".
 Orígenes ut supra.
Este lavatorio espiritual de pies (del cual se ha hablado), no puede realizarse con perfección sino por el mismo Jesucristo, y de una manera secundaria por sus discípulos, a los cuales dijo: "Vosotros debéis lavaros mutuamente los pies". Jesús lavó los pies de sus discípulos como Maestro, y de sus siervos como Señor, porque el fin del Maestro es hacer a sus discípulos semejantes a El. Lo cual se ve en el Salvador con más claridad que en ningún otro maestro o señor, pues quiere que sus discípulos sean como su Maestro y Señor, no teniendo un espíritu de servidumbre, sino un espíritu de la filiación con el que claman: "Abba, Padre" ( Rom 8,15). Mas antes de hacerse semejantes a su Maestro y Señor, necesitan del lavatorio de pies, como discípulos imperfectos que conservan resabios del espíritu de servidumbre. Cuando, pues, alguno de ellos llegare al grado de maestro y señor, podrá entonces imitar al que lavó los pies de sus discípulos, y lavar los pies con la doctrina, como maestro.


San Agustín In Ioannem tract., 59.
Como diciendo: entre vosotros hay quien no será bienaventurado, ni obrará aquellas cosas. Yo sé a quiénes he elegido. ¿A quiénes sino a aquellos que serán bienaventurados haciendo lo que El manda? Luego Judas no es de los elegidos. Cómo, pues, dice en otro lugar ( Jn 6,71): "¿Acaso yo no os he elegido a los doce?". Es porque él fue elegido, para otra cosa necesaria, pero no para la bienaventuranza acerca de lo que se dice: "Bienaventurados seréis si hacéis estas cosas".

 

Las seis intenciones del Papa establecidas por la Iglesia, por las cuales debemos rezar para obtener una indulgencia son

 ¿Cuáles son las intenciones del Papa por las que debemos rezar para ganar indulgencias?



Para obtener indulgencias —junto con otras condiciones—, la Iglesia suele solicitar que se rece, por lo general, un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria —y un Credo— por las intenciones del Papa.


Cuando la Iglesia establece que se rece "por la intenciones del Sumo Pontífice", se refiere a seis intenciones que ya tiene preestablecidas como intrínsecas para los romanos pontífices. 


1. – La exaltación de la Iglesia
2. – La propagación de la fe.
3. – La extirpación de la herejía
4. – La conversión de los pecadores
5. – Paz y concordia entre los príncipes (gobernantes) cristianos.
6. – Todos los demás bienes del pueblo cristiano.


En las Cruzadas, se otorgaron indulgencia para quienes combatiesen por la Fe.

                                       

Las indulgencias plenarias se ganan siempre bajo las condiciones ordinarias, que son: confesión, comunión y visita de una Iglesia, orando allí según la intención del Sumo Pontífice concedente. Hay algunas que no requieren las condiciones ordinarias, y estas son: las concedidas al ejercicio llamado del Vía Crucis y a los seis Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri, en favor de las personas que llevan el Escapulario azul de la Inmaculada Concepción.

Viernes Santo: Adoración de la Santa Cruz. Rezo del Santo Vía Crucis Ayuno y Abstinencia

 VÍA CRUCIS SENCILLO Y BREVE


Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi: quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Fuente: Devocionario Católico 

Por la señal... Señor mío, Jesucristo... Rezar a continuación las 14 estaciones.

[Estación del via crucis]I. ESTACIÓN.
Jesús condenado a muerte. ¡Jesús mío, condenado en vez de mi: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
[Estación del via crucis]II. ESTACIÓN.
Jesús cargado con la Cruz.
 ¡Jesús mío, cargado con mis pecados para descargarme de ellos: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
[Estación del via crucis]III. ESTACIÓN.
Primera caída del Señor. ¡Jesús mío, sucumbiendo bajo el peso de mis pecados para expiarlos: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
[Estación del via crucis]IV ESTACIÓN. Jesús encuentra a su Santísima Madre. ¡Jesús mío, encontrando a vuestra angustiada Madre: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.

[Imitando a Jesucristo. Estampa francesa de finales del XIX]

Grabado de una estampa religiosa francesa de finales del siglo XIX en la que se representa los tres grados de la imitación perfecta con Jesucristo a que debe aspirar el cristiano:

1º aceptar la cruz con resignación;
2º llevarla con sumisión;
3º abrazarla con fe y amor.
[Estación del via crucis]V. ESTACIÓN.
El Cirineo ayuda a Jesús. ¡Jesús mío, invitándome a participar de vuestra Cruz: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.

[Estación del via crucis]VI. ESTACIÓN.
La Verónica enjuga el rostro del Señor. ¡Jesús mío, con el rostro manchado de inmundas salivas para expiar mi orgullo: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.

[Estación del via crucis]VIII. ESTACIÓN.
Jesús habla a las mujeres. ¡Jesús mío, consolando a las mujeres de Israel, que, llorando, os seguían: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.

[Estación del via crucis]VII. ESTACIÓN.
Jesús cae por segunda vez.
 ¡Jesús mío, sucumbiendo otra vez para enseñarme a levantar después de las caídas: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.

[Estación del via crucis]IX. ESTACIÓN.
El Señor cae por tercera vez. ¡Jesús mío, sucumbiendo de nuevo al pensar en mis ingratitudes: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.

[Estación del via crucis]X. ESTACIÓN.
Desnudan al Señor. ¡Jesús mío, despojado de vuestras vestiduras para expiar mis sensualidades: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
[Estación del via crucis]XI. ESTACIÓN.
Jesús clavado en la Cruz. ¡Jesús mío, clavado en la Cruz para expiar mis malas acciones: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
[Estación del via crucis]XII. ESTACIÓN.
Muere Jesús en la Cruz. ¡Jesús mío muerto en la Cruz para abrirme el Paraíso: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría
[Estación del via crucis]XIII ESTACIÓN. Colocan a Jesús en los brazos de su Madre. ¡Jesús mío, depuesto en los brazos de vuestra afligida Madre: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.[Estación del via crucis]XIV. ESTACIÓN.
El Señor es sepultado. ¡Jesús mío, encerrado entonces en el sepulcro y ahora en el Tabernáculo: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
ORACIÓN FINAL. Dígnate, Señor, mirar por esta tu familia, por la cual nuestro Señor Jesucristo no vaciló ser entregado en manos de los malvados y sufrir el suplicio de la Cruz. Por nuestro Señor Jesucristo, que contigo vive y reina, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
Para ganar indulgencia bajo las condiciones necesarias, terminar rezando un Padrenuestro, Avemaría y Gloria por las 6 intenciones del Papado establecidas por la Iglesia por las que debemos orar para poder Ganar las Indulgencias que son:

1. Recemos por la exaltación de la Iglesia
2. Recemos por la propagación de la fe.
3. Recemos por la extirpación de la herejía
4. Recemos por la conversión de los pecadores
5. Recemos por la Paz y concordia entre los príncipes (gobernantes) cristianos.
6. Recemos por Todos los demás bienes del pueblo cristiano.

Viernes Santo: Adoración de la Santa Cruz

 


℣. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
℟. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

℣.  Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi: 
℟. quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

 LA ADORACION DE LA SANTA CRUZ
                       Año Litúrgico - Dom Prospeto Gueranger

Las oraciones generales han concluido con la súplica dirigida a Dios por la conversión de los paganos; la Iglesia ha terminado su recomendación universal y solicitado para todos los habitantes de la tierra la efusión de la sangre divina que brota, en este momento, de las venas del Hombre-Dios. Volviéndose ahora a los cristianos sus hijos, conmovida ante las humillaciones del Señor, los invita a disminuir el peso, dirigiendo sus homenajes hacia esa Cruz hasta ahora infame y en adelante sagrada, bajo la cual camina Jesús hacia el Calvario y de cuyos brazos penderá hoy. Para Israel, la cruz es un objeto de escándalo; para los gentiles un monumento de locura; nosotros, cristianos, veneramos en ella el trofeo de la victoria de Cristo y el instrumento augusto de la salvación de los hombres. Ha llegado, pues, el momento en que debe recibir nuestras adoraciones por el honor que el Hijo de Dios se ha dignado hacerla, regándola con su sangre y asociándola así a la obra de nuestra Redención. No hay día ni hora más indicada en el año para rendirla nuestros homenajes.

La adoración de la cruz comenzó en Jerusalén en el siglo iv. La emperatriz Santa Elena había hallado recientemente la verdadera cruz; y el pueblo fiel deseaba contemplar, de cuando en cuando, este árbol de vida cuya milagrosa invención había colmado de gozo a la Iglesia entera. Se determinó que se expusiese a la veneración de los cristianos una vez al año, el Viernes Santo. El deseo de contemplarla llevaba todos los años una multitud inmensa de peregrinos a Jerusalén para la Semana Santa. La fama llevó por todas partes los relatos de este ceremonial, pero todas no podían aspirar a verla ni una vez siquiera en la vida. La piedad católica quiso gozar al menos por imitación, de una ceremonia que muchos no podían gozar en su realidad; y, hacia el siglo vii, se pensó repetir en todas las iglesias, el Viernes Santo, la Ostensión y Adoración de la Cruz que tenía lugar en Jerusalén. No se poseía, es verdad, sino la figura de la Cruz verdadera; pero, puesto que los honores rendidos a este madero sagrado iban dirigidos al mismo Cristo, los fieles podían ofrecerle honores semejantes, aun cuando no viesen ante sus ojos el madero mismo que el Redentor había regado con su sangre. Tal fué el motivo de la institución de este rito, que ahora va a tener lugar, y en el cual la Iglesia nos invita a participar.

En el altar el celebrante se quita la capa pluvial y permanece en pie junto a su asiento. El diácono con los acólitos va a la sacristía para traer a la iglesia la cruz en procesión. Cuando llegan al presbiterio, el celebrante recibe de manos del diácono la santa Cruz y se pone al lado de la Epístola y allí, de pie, en el plano, vuelto hacia el pueblo, descubre un poco la parte alta de la cruz y canta en un tono de voz moderado: "He aquí el madero de la santa Cruz."

Después prosigue ayudado de sus ministros que cantan con él:

"En el cual ha estado suspendida la salud del mundo."

Entonces, toda la asamblea se pone de rodillas, y adora la cruz mientras el coro canta:

"Venid: adorémosla."

Esta primera ostensión representa la primera predicación de la cruz, la que los Apóstoles se hicieron entre sí, cuando, no habiendo recibido todavía al Espíritu Santo, no podían hablar del misterio de la Redención sino con los discípulos de Jesús y temían llamar la atención de los judíos. Por eso el Sacerdote no eleva la Cruz sino un poco. Este primer homenaje es ofrecido en reparación de los ultrajes que el Salvador recibió en casa de Caifás. El sacerdote se dirige luego a la parte delantera de la grada, siempre en el lado de la Epístola, y se coloca de cara al pueblo. Sus ministros le ayudan a descubrir el lado derecho de la Cruz, y después de haber descubierto esta parte del instrumento sagrado, la muestra nuevamente al pueblo, levantándola, esta vez, un poco más que la primera y cantando en un tono superior.

"He aquí el madero de la Cruz."

El diácono y el subdiácono continúan con él:

"En el cual ha estado suspendida la salud del mundo."

La asamblea se pone de rodillas, adora la Cruz mientras el coro canta:

"Venid: adorémosla."

Esta segunda manifestación más gloriosa que la primera representa la predicación del misterio de la Cruz a los judíos, cuando los Apóstoles, después de la venida del Espíritu Santo echan los fundamentos de la Iglesia en el seno mismo de la Sinagoga y conducen las primicias de Israel a los pies del Redentor. La Iglesia lo ofrece en reparación de los ultrajes que recibió en casa de Pilatos.

El Sacerdote se coloca después en medio de: la grada, vuelto siempre hacia el pueblo. Ayudado por el diácono y subdiácono descubre todo lo restante del Crucifijo, y elevándole algo más que las veces anteriores canta con triunfo y a plena voz:

"He aquí el madero de la Cruz."

Los ministros continúan con él:

"En el cual ha estado suspendida la salud del mundo."

Los fieles vuelven a arrodillarse y a adorar la Cruz mientras el coro canta:

"Venid: adorémosla."

Esta última manifestación representa la predicación del misterio de la Cruz en el mundo entero, cuando los Apóstoles, rechazados por la masa de la nación judaica, se vuelven hacia los gentiles, y van a anunciar al Dios crucificado hasta más allá de los límites del imperio romano. Este tercer homenaje rendido a la Cruz es una reparación de los ultrajes que el Salvador recibió en el Calvario.

La Iglesia, al presentarnos la Cruz cubierta con el velo, que después desaparece para dejar llegar nuestras miradas hasta ese divino trofeo de nuestra Redención, quiere también expresarnos la obcecación de los judíos que no ven sino un instrumento de ignominia en ese madero adorable, y la luz resplandeciente de que goza el pueblo cristiano, a quien la fe revela que el Hijo de Dios crucificado, lejos de ser un objeto de escándalo, es, por el contrario, como dice el Apóstol, el monumento eterno "del poder y de la sabiduría de Dios". En adelante la Cruz que acaba de ser tan solemnemente enarbolada permanecerá descubierta; y aguardará sobre el altar, la hora de la gloriosa Resurrección del Mesías. Todas las demás cruces colocadas en los diversos altares, se descubrirán también, a imitación de esa. que ocupará pronto su puesto de honor en el altar mayor.

Pero la Iglesia no se limita a exponer, en este momento, a las miradas de los fieles la Cruz que les ha salvado; les invita a que vengan a poner sus labios respetuosos sobre ese leño sagrado. El Celebrante irá el primero y todos tras él. Despojado de su casulla, quítase también el calzado, y haciendo, a convenientes distancias, tres veces genuflexión sencilla, se acerca a adorar la Cruz, colocada en las gradas delante el altar. Detrás de él vienen los ministros, el clero, y por último los fieles. Los cantos que acompañan a la adoración de la Cruz son de una belleza incomparable. Los primeros son Improperios, o reproches amargos que el Mesías dirige a los judíos. Las tres primeras estrofas están intercaladas con el canto del Trisagio u oración a Dios tres veces Santo, cuya Inmortalidad justo es que glorifiquemos en este momento en que El se digna, como hombre, sufrir la muerte por nosotros. Esta triple glorificación usada en Constantinopla desde el siglo v, pasó a la Iglesia romana que la ha conservado en la lengua primitiva, contentándose con alternar la traducción latina de las palabras. El resto de este hermoso canto tiene grandísimo interés dramático. Cristo recuerda todas las afrentas de que ha sido objeto por parte de los judíos y pone de manifiesto los beneficios de que ha colmado a esta nación ingrata.

Viernes Santo: Oremos por la conversión de los judíos

 

Hechos 17:30: «Dios, pues, pasando por alto los tiempos de la ignorancia, anuncia ahora a los hombres que todos y en todas partes deben convertirse.

 
ORATIONEM PRO CONVERSIONE IVDAEORVM
 
 



 
OREMVS ET PRO PERFIDIS IVDAEIS VT DEVS ET DOMINVS NOSTER AVFERAT VELAMEN DE CORDIBVS EORVM VT ET IPSI AGNOSCANT IESVM CHRISTVM DOMINVM NOSTRVM (Non respondetur Amen, nec dicitur Oremus, aut Flectamus genua, aut Levate, sed statim dicitur:) OMNIPOTENS SEMPITERNE DEVS QVI ETIAM IVDAICAM PERFIDIAM A TVA MISERICORDIA NON REPELLIS EXAVDI PRECES NOSTRAS QVAS PRO ILLIVS POPVLI OBCAECATIONE DEFERIMVS VT AGNITA VERITATIS TVAE LVCE QVAE CHRISTVS EST A SVIS TENEBRIS ERVANTVR PER EVDEM DOMINVM NOSTRVN IESVM CHRISTVM FILIVM TVVM QVI TECVM VIVIT ET REGNAT IN VNITATE SPIRITVS SANCTI DEVS PER OMNIA SAECVLA SAECVLORUM AMEN

Oremos también por los pérfidos judíos, para que Dios Nuestro Señor aparte el velo de sus corazones, de modo que ellos también reconozcan a Cristo Nuestro Señor (No se responde "amén", ni se dice "Oremos", ni "Arrodillémonos" o "En pie", sino que inmediatamente se dice:) Omnipotente y sempiterno Dios, Tú que no excluyes de tu Misericordia ni siquiera a los pérfidos judíos, escucha nuestras preces, que te dirigimos por la obcecación de aquel pueblo; de tal modo que, conocida la Verdad de tu Luz, que es Cristo, salgan de sus tinieblas. Por el mismo Cristo Nuestro Señor, Hijo tuyo, que vive y reina en la Unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
(MISSALE ROMANVM: Oraciones solemnes del Viernes Santo)
 
 
 
 2 Corintios 3:14
 
 
Pero ellos se negaron a entender esto, y todavía ahora, cuando leen la antigua alianza, ese mismo velo les impide entender, pues no les ha sido quitado, porque solamente se quita por medio de Cristo.


SAN CIRILO DE JERUSALÉN –DIOS NO ACEPTA EL CULTO DE QUIENES NO ADORAN AL HIJO

El Padre se indigna cuando el Hijo unigénito es privado de su honor.
Un rey considera grave que alguien insulte a un simple soldado. Por tanto, si se trata indecorosamente a alguien de las personas más honorables, compañeros o amigos, más se enciende la propia cólera. Y si alguien injuria al Hijo único del Rey, ¿quién aplacará y suavizará al Padre del Hijo unigénito de tal modo conmovido? Si alguien, por consiguiente, quiere ser piadoso para con Dios, adore al Hijo; de otro modo, el Padre no admitirá su culto. (
San Cirilo de Jerusalén. Catequesis X, Un solo Señor, Jesucristo, n. 1-2)

San Juan Crisóstomo
Los judíos no serán perdonados ni por la circuncisión ni por otras normas, sino por el bautismo
“Y esta será mi alianza con ellos, cuando los purifique de sus pecados”. No cuando sean circuncidados, ni cuando sacrifiquen, ni cuando cumplan las otras normas, sino cuando encuentren absolución de sus pecados. Si, pues, esto ha sido prometido, aunque todavía no ha acontecido con ellos, ni se han apartado mediante la absolución del bautismo, tendrá lugar ciertamente. Así añade: “Porque los dones y el llamado de Dios son irrevocables”. (San Juan Crisóstomo. Homilía IX sobre la Carta a los Romanos, n. 6)


 
 
 - Jn 1,11-13 -

A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a cuantos le recibieron, les dio poder de ser hechos hijos de Dios, a aquéllos que crean en su nombre. Los cuales son nacidos no de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, mas de Dios.


Crisóstomo, in Ioannem, hom. 8 (Catena Aurea)
El mismo llama ahora suyos a los judíos, como pueblo escogido. Pero llama a todos los hombres, porque todos han sido hechos por El. Como antes decía, avergonzándose por la naturaleza humana, que con el mundo hecho por El no había reconocido a su autor por quien había sido hecho, así ahora se indigna otra vez por la ingratitud de los judíos, y los reprende diciendo: "Y los suyos no le recibieron".

Crisóstomo, ut sup
Y no dijo que los obligó a hacerse hijos de Dios, sino que les dio poder de ser hechos hijos de Dios, manifestando que se necesita de mucho cuidado para que conservemos siempre la imagen de la adopción, que se ha impreso y formado en nosotros por el bautismo. Además nos manifiesta así que a ninguno de nosotros podrá arrebatársele esta gracia, si nosotros no nos privamos de ella. Por tanto, si los que reciben de los hombres el dominio de algunas cosas poseen el dominio de ellas casi tanto como los que se las conceden, mucho más nosotros, que recibimos de Dios esta gracia. También quiere dar a entender que esta gracia se concede a los que la quieren y la buscan. Porque depende del libre albedrío y de la obra de la gracia que los hombres se hagan hijos de Dios.


Beda (Catena Aurea)
La generación carnal de todos procede de la unión de los consortes, pero la espiritual se concede en virtud de la gracia del Espíritu Santo.


Concilio de Florencia (XVII Ecuménico)
•Nadie, ni siquiera los judíos, puede salvarse fuera de la Iglesia.
Firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia Católica, no sólo paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está aparejado para el diablo y, sus ángeles (Mt 25, 41), a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; (Denzinger-Hünermann, 1351. Concilio de Florencia. Bula Cantate Domino, de 4 de febrero de 1442)


El Papa Gregorio XVI:
 
 “Por lo tanto, deben instruirlos en la verdadera adoración de Dios, que es única para la religión católica.” (Summo Iugiter Studio (# 6), 27 de mayo de 1832)
 
El Papa San Gregorio Magno:
La sacrosanta Iglesia universal enseña que no es posible adorar a Dios verdaderamente excepto en ella…”


El principal diplomático del Vaticano en la ONU admite que el movimiento ecuménico no se trata de Cristo sino de construir una hegemonía globalista.
 
San Bernardo Se debe pretender la conversión de los judíos

Concilio de Florencia (XVII Ecuménico)

  • Nadie, ni siquiera los judíos, puede salvarse fuera de la Iglesia

Firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia Católicano sólo paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está aparejado para el diablo y, sus ángeles (Mt 25, 41), a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; (Denzinger-Hünermann, 1351. Concilio de Florencia. Bula Cantate Domino, de 4 de febrero de 1442) 



El Nuevo Testamento y Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa contradicen la herejía de que los judíos no necesitan convertirse.

«La Cruz será despreciada y pisoteada; el costado de Nuestro Señor será abierto de nuevo». «Hija mía, la Cruz de Jesús será odiada; muchos sacerdotes serán ejecutados».
La Virgen a la hermana Catalina Labouré