martes, 16 de enero de 2024

La existencia del infierno es dogma de Fe (definida en el Concilio IV de Letrán)

A Jorge Mario Bergoglio le gusta creer que Jesucristo mintió

El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los que pecan y hacen pecar. Los arrojarán al horno encendido, donde habrá llanto y rechinar de dientes. San Mateo 13:41-42




Santa María Magdalena de Pazzi oyó una vez la voz de Dios que le dijo:
“Entre los condenados reina el odio, pues cada uno ve ahí a aquél que fue la causa de su condenación y lo odia por haberlo llevado ahí. De esta manera, los recién llegados aumentan la rabia que ya existía antes de su llegada.



Santo Tomás de Aquino

«Allí, los asociados de su miseria, lejos de aliviar la suerte del alma condenada, harán que sea más intolerable para él.»





“Alguien que vivió practicando el vicio de la sodomía sufrirá más dolores en el infierno que cualquier otro, porque este es el peor pecado que existe.” (San Bernardino de Siena)


Dogma de fe definido por el Cuarto Concilio de Letrán.  CIC 1035 «La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, ‘el fuego eterno’ (cf. DS 76; 409; 411; 801; 858; 1002; 1351; 1575; Credo del Pueblo de Dios, 12). La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira» (Catecismo de la Iglesia Católica 1035; ver también 1033-1037).


Cardenal Müller: Los actos homosexuales son «desordenados», «antinaturales» y llevan al infierno

El aborto y la homosexualidad son un ‘reflejo vivo del Infierno’: Arzobispo Cordileone




“Ustedes han visto el Infierno a donde los pecadores van cuando no se arrepienten”.



Sagradas Escrituras

La condenación eterna en las palabras de Cristo

El Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes (Mt 13, 41-42).

Entonces dirá a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” (Mt 25, 41)


Sínodo de Constantinopla (543)

El castigo de los demonios y de los hombres impíos es eterno

Si alguno dice o siente que el castigo de los demonios o de los hombres impíos es temporal y que en algún momento tendrá fin, o que se dará la reintegración de los demonios o de los hombres impíos, sea anátema. (Dezinger-Hünermann, 411. Sínodo de Constantinopla, confirmado por el Papa Vigilio. Cánones contra Orígenes, del emperador Justiniano, 543)


Catecismo de la Iglesia Católica

Un fuego reservado a los que rehúsan creer y convertirse

Jesús habla con frecuencia de la “gehena” y del “fuego que nunca se apaga” (cf. Mt 5, 22.29; 13, 42.50; Mc 9, 43-48) reservado a los que, hasta el fin de su vida rehúsan creer y convertirse, y donde se puede perder a la vez el alma y el cuerpo (cf. Mt 10, 28). Jesús anuncia en términos graves que “enviará a sus ángeles […] que recogerán a todos los autores de iniquidad, y los arrojarán al horno ardiendo” (Mt 13, 41-42), y que pronunciará la condenación: “¡Alejaos de mí malditos al fuego eterno!” (Mt 25, 41). (Catecismo de la Iglesia Católica, 1034) 



Los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos para siempre

La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidadLas almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, “el fuego eterno” (cf. DS 76; 409; 411; 801; 858; 1002; 1351; 1575; Credo del Pueblo de Dios, 12). La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira. (Catecismo de la Iglesia Católica, 1035)


Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica

¿En qué consiste el infierno?

Consiste en la condenación eterna de todos aquellos que mueren, por libre elección, en pecado mortal. La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios, en quien únicamente encuentra el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira. (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 212)

Catecismo Romano

El infierno: la verdad cristiana más molesta y desagradable

Existe, ante todo, una cárcel horrible y tenebrosa, donde yacen, atormentadas con fuego eterno, las almas de los condenados y los demonios. Este lugar es llamado en la Sagrada Escritura «gehenna», «abismo» y propiamente «infierno» (Catecismo Romano, 1050)


Pío XI

Cristo tiene el poder de imponer suplicios a que nadie puede escapar

Que la potestad judicial le haya sido dada por su Padre, el mismo Jesús lo proclama ante los judíos que le echan en cara la violación del descanso del sábado por la maravillosa curación de un hombre enfermo: Porque tampoco el Padre juzga a nadie, sino que todo juicio lo dio al Hijo (Jn 5,22). Y en él se comprende, por ser cosa inseparable del juicio, el imponer por propio derecho premios y castigos a los hombres, aun mientras viven. Y hay, en fin, que atribuir a Cristo el poder que llaman ejecutivo, como quiera que a su imperio es menester que obedezcan todos, y ese poder justamente unido a la promulgación, contra los contumaces, de suplicios a que nadie puede escapar. (Dezinger-Hünermann, 3677. Pío XI. Carta Encíclica Quas Primas, 11 de diciembre de 1925)


Pío XII

La mayor desgracia para el cristiano es el pecado que le hace acreedor del castigo eterno

Una vez regenerada por las aguas del bautismo, [el alma] queda revestida de cándida blancura, pero con las malas acciones se separa del camino recto y se mancha de nuevo. Si la falta es grave, pierde la gracia de Dios y se hace acreedora del castigo eterno. ¿Y hay mayor desgracia que ésta? Lo capital para el cristiano es no ofender a Dios, no pecar, hacer que el alma viva siempre en gracia. (Pío XII. Carta a Monseñor José Clemente Maurer, 13 de agosto de 1954)



La Iglesia tiene el deber de enseñar la verdad sobre el infierno sin ninguna atenuación

La predicación de las primeras verdades de la fe y de los fines últimos no sólo no ha perdido su oportunidad en nuestros tiempos, sino que ha venido a ser más necesaria y urgente que nunca. Incluso la predicación sobre el infierno. Sin duda alguna hay que tratar ese asunto con dignidad y sabiduría. Pero, en cuanto a la sustancia misma de esa verdad, la Iglesia tiene ante Dios y ante los hombres el sagrado deber de anunciarla, de enseñarla sin ninguna atenuación, como Cristo la ha revelado, y no existe ninguna condición de tiempo que pueda hacer disminuir el rigor de esa obligación… Es verdad que el deseo del cielo es un motivo en sí mismo más perfecto que el temor de la pena eterna; pero de esto no se sigue que sea también para todos los hombres el motivo más eficaz para tenerlos lejos del pecado y convertirlos a Dios. (Pío XII, Discurso a los párrocos y predicadores cuaresmales, 23 de marzo de 1949)



Sínodo de Valence (855)

A los que no aceptan la verdad están reservadas ira e indignación eternas

Como enseña la doctrina del Apóstol: Vida eterna a aquellos que según la paciencia de la buena obra, buscan la gloria, el honor y la incorrupción; ira e indignación a los que son, empero, de espíritu de contienda y no aceptan la verdad, sino que creen la iniquidad; tribulación y angustia sobre toda alma de hombre que obra el mal (Rm 2, 7 ss). Y en el mismo sentido en otro lugar: En la revelación — dice — de nuestro Señor Jesucristo desde el cielo con los ángeles de su poder, en el fuego de llama que tomará venganza de los que no conocen a Dios ni obedecen al Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, que sufrirán penas eternas para su ruina… cuando viniere a ser glorificado en sus santos y mostrarse admirable en todos los que creyeron (2 Th 1, 7-10). (Denzinger-Hünermann, 626. Sínodo de Valence. Contra Juan Escoto, Sobre la predestinación, 2)


Comisión Teológica Internacional

La Iglesia cree que existe un estado de condenación definitiva

La Iglesia cree que existe un estado de condenación definitiva para los que mueren cargados con pecado graveSe debe evitar completamente entender el estado de purificación para el encuentro con Dios, de modo demasiado semejante con el de condenación, como si la diferencia entre ambos consistiera solamente en que uno sería eterno y el otro temporal; la purificación posmortal es “del todo diversa del castigo de los condenados”. (Comisión Teológica Internacional. Algunas Cuestiones Actuales de Escatología. Texto del documento aprobado in forma specifica por la Comisión Teológica Internacional en 1990, n. 8, 2)


Pelagio I

Los inicuos permanecen vasos de ira por justísimo juicio

Todos los hombres, en efecto, desde Adán hasta la consumación del tiempo, nacidos y muertos con el mismo Adán y su mujer, que no nacieron de otros padres, sino que el uno fue creado de la tierra y la otra de la costilla del varón (Gn 2,7Gn 2,22), confieso que entonces han de resucitar y presentarse ante el tribunal de Cristo (Rm 14, 10), a fin de recibir cada uno lo propio de su cuerpo, según su comportamiento, ora bienes, ora males (2 Co 5, 10); y que a los justos, por su liberalísima gracia, como vasos que son de misericordia preparados para la gloria (Rm 9, 23), les dará los premios de la vida eterna, es decir, que vivirán sin fin en la compañía de los ángeles, sin miedo alguno a la caída suya; a los inicuos, empero, que por albedrío de su propia voluntad permanecen vasos de ira aptos para la ruina (Rm 9, 22), que o no conocieron el camino del Señor o, conocido, lo abandonaron cautivos de diversas prevaricaciones, los entregará por justísimo juicio a las penas del fuego eterno e inextinguible, para que ardan sin fin. (Dezinger-Hünermann, 443. Pelagio I. Carta Humani generis a Childeberto, 3 de febrero de 557)



 San Roberto Belarmino

Después de la muerte no hay lugar para el arrepentimiento

Y todo lector de historia, u observador de lo que sucede alrededor, no puede sino saber que la regla es que los hombres terminen una vida perversa con una muerte miserable, mientras que es una excepción que el pecador muera de manera feliz; y, por el otro lado, no sucede con frecuencia que aquellos que viven bien y santamente lleguen a un fin triste y miserable, sino que muchas personas buenas y piadosas entran, después de su muerte, en posesión de los gozos eternos. Son demasiado presuntuosas y necias aquellas personas que, en un asunto de tal importancia como la felicidad eterna o el tormento eterno, osan permanecer en un estado de pecado mortal incluso por un día, viendo que pueden ser sorprendidas por la muerte en cualquier momento, y que después de la muerte no hay lugar para el arrepentimiento, y que una vez en el infierno ya no hay redención. (San Roberto Belarmino. Comentario a las siete palabras de Jesús. Cap. VI, n. 26)


San Alfonso de Ligorio

Más almas van al infierno por la misericordia que por la justicia de Dios

Dices que el Señor es Dios de misericordia. Aquí se oculta el tercer engaño, comunísimo entre los pecadores, y por el cual no pocos se condenan. Escribe un sabio autor que más almas envía al infierno la misericordia que la justicia de Dios, porque los pecadores, confiando temerariamente en aquélla, no dejan de pecar, y se pierden. El Señor es Dios de misericordia, ¿quién lo niega? Y, sin embargo, ¡a cuántas almas manda Dios cada día a penas eternas! Es, en verdad, misericordioso, pero también es justo; y por ello se ve obligado a castigar a quien le ofende. Usa de misericordia con los que le temen (cf. Sl 102, 11-13). (San Alfonso de Ligorio. Preparación para la muerte. Parte III, consideración 23, n. 2)



Santo Tomás de Aquino

La condenación de los réprobos es una venganza de Dios

Cuando vendrá con flamas de fuego”. Quiere decir, a castigar a malos y premiar a buenos, pues trata de las dos retribuciones; mas en el castigo de los malos de estas llamas hará una demostración acerba, justa, inacabable. Dice pues: “a tomar venganza”, esto es, a condenar a los réprobos con llamas de fuego, que reducirá a cenizas la faz de la tierra, y envolverá a los condenados y los arrojará al infierno para siempre (Ps 96). […] Este castigo no tendrá fin, porque “sufrirán la pena de una eterna condenación […] de donde se dice que estarán siempre como muñéndose. “La muerte se cebará en ellos” (Ps 48,15); “su gusano no morirá jamás” (Is 66, 24) “y su fuego jamás se apagará”. (Santo Tomás de Aquino. Comentario a la Segunda Epístola a los Tesalonicenses. Leción 2: 2 Tesalonisenses 1, 6-12)


San Francisco de Sales

Considerar la eternidad de las llamas basta para hacer intolerable el infierno

Los condenados están dentro del abismo infernal como en una ciudad infortunada, en la cual padecen tormentos indecibles, en todos sus sentidos y en todos sus miembros, pues, por haberlos empleado en pecar, han de padecer en ellos las penas debidas al pecado. […] Además de todos estos tormentos, todavía hay otro mayor, que es la privación y la pérdida de la gloria de Dios, que jamás podrán contemplar. […] ¡Oh Dios mío, qué pesar, el verse privado para siempre de la visión de tu dulce y suave rostro!
Considera, sobre todo, la eternidad de las llamas, que, por sí sola hace intolerable el infierno.
 ¡Ah!, si un mosquito en la oreja, si el calor de una ligera fiebre es causa de que nos parezca larga y pesada una noche corta, ¡cuán espantosa será la noche de la eternidad, en medio de tantos tormentos! De esta eternidad nace la desesperación eterna, las blasfemias y la rabia infinita. (San Francisco de Sales. Meditación 7, cap. 15)


Santa Catalina de Siena

Si el mal sacerdote no se enmienda sufrirá la condenación eterna y recibirá mayor reproche

[Nuestro Señor Jesucristo] ¡Oh queridísima hija! Yo te he puesto sobre el puente de la doctrina de mi verdad para que os sirviera a vosotros, peregrinos, y os administrara los sacramentos de la Santa Iglesia, mas él [un sacerdote] permanece en el río miserable debajo del puente y en el río de los placeres y miserias del mundo. Allí ejerce su ministerio, sin percatarse de que le llega la ola que le arrastra a la muerte y se va con los demonios, señores suyos, a los que ha servido y de los que se ha dejado guiar, sin recato alguno, por el camino del río. Si no se enmienda, llegará a la condenación eterna, con tan gran reprensión y reproche, que tu lengua no sería capaz de referirlo. Y él, por su oficio de sacerdote, mucho más que cualquier otro seglar. Por donde una misma culpa es más castigada en él que en otro que hubiera permanecido en el mundo. Y en el momento de la muerte, sus enemigos le acusarán más terriblemente, como te he dicho. (Santa Catalina de Siena. El Diálogo, n. 130)



San Ireneo de Lyon

Los que repudian la luz vivirán en las tinieblas eternas

Dios, que de antemano conoce todas las cosas, preparó para unos y para otros sendas moradas: con toda bondad otorga la luz de la incorrupción a aquellos que la buscan; en cambio aparta de sí a quienes la desprecian y rechazan, huyendo por su cuenta y cegándose. Para quienes repudian la luz y escapan de él, ha preparado las tinieblas correspondientes, a las que los entregará como justo castigo. Sujetarse a Dios es el descanso eterno. Por eso quienes huyen de la luz tendrán un puesto digno de su fuga, y quienes huyen del descanso eterno también tendrán la morada que merecen los desertores. En Dios todo es bien, y por eso quienes por propia decisión huyen de Dios, a sí mismos se defraudan y privan de sus bienes. Y por ello quienes a sí mismo se han defraudado en cuanto a los bienes de Dios, en consecuencia caerán en su justo juicio. Quienes se escapan del descanso, justamente vivirán en su castigo, y quienes huyeron de la luz vivirán en tinieblas. Así como sucede con la luz de este mundo: quienes se fugan de ella, por sí mismos se esclavizan a la obscuridad, de manera que es su propia culpa si quedan privados de la luz y deben habitar en las sombras de la noche. La luz no es la causa de ese modo de vivir, como antes dijimos. De igual modo, quienes evaden la luz eterna que contiene en sí todos los bienes, por su propia culpa vivirán en las tinieblas eternas, privados de todo bien, pues ellos mismos han construido su propio tipo de morada. (San Ireneo de Lyon. Contra los herejes. Libro IV, cap. 39, n. 4)

Las siete herejías de Bergoglio en «Amoris laetitia»

 


Card. Pell: «la comunión para los divorciados vueltos a casar es solo la punta del iceberg, el caballo de Troya»


Respecto a los que están a favor de dar la comunión sacrílega a los divorciados adúlteros, el cardenal Pell advirtió que ellos «quieren cambios más amplios, el reconocimiento de las uniones civiles, el reconocimiento de las uniones homosexuales»




San Roberto Belarmino, Sobre el Romano Pontífice, Libro 2, Capítulo 30. “Este principio es sumamente cierto. El no cristiano no puede de ningún modo ser Papa, como admite el propio Cayetano (ib. c. 26). La razón de esto es que no puede ser cabeza de lo que no es miembro; ahora bien, quien no es cristiano no es miembro de la Iglesia, y un hereje manifiesto no es cristiano, como claramente enseñan San Cipriano (lib. 4, epist. 2), San Atanasio (Scr. 2 cont. . Arian.), San Agustín (lib. de great. Christ. cap. 20), San Jerónimo (contra Lucifer.) y otros; por lo tanto el hereje manifiesto no puede ser Papa”.



Sabemos que después de un sínodo se emite un documento magistral llamado Exhortación Apostólica que pertenece al Magisterio infalible de un Papa. El 17 de octubre, Bergoglio dejó claro que al final del proceso pseudosinodal antifamiliar pretendía hablar con autoridad. Como “Pastor y Doctor de todos los cristianos”. Es decir, precisamente porque Amoris Laetitia es herético, nos muestra que Bergoglio es un hereje formal. Y Fiducia supplicans nos muestra el elemento de obstinación en Herejía y apostasía total de Bergoglio.


Arzobispo Viganò: La defensa de la Fiducia Suplicante por parte del P. Fernández demuestra su 'herejía manifiesta'



 CORRECTIO de haeresibus propagates

Por medio de palabras, hechos y omisiones, y por medio de pasajes del documento «Amoris laetitia», Su Santidad ha apoyado, directa o indirectamente, y propagado dentro la Iglesia, con un grado de consciencia que no buscamos juzgar, tanto por oficio público como por acto privado las siguientes proposiciones falsas y heréticas:

1. «Una persona justificada no tiene la fuerza, con la gracia de Dios, para seguir las exigencias objetivas de la ley divina, como si cualquiera de los mandamientos de Dios fuera imposible para los justificados; o como significando que la gracia de Dios, cuando produce la justificación del individuo, no produce invariablemente, y de su propia naturaleza, la conversión de todo pecado grave, o no es suficiente para la conversión de todo pecado grave.»

2. «Los católicos que han obtenido el divorcio civil del cónyuge con el cual están válidamente casados y han contraído un matrimonio civil con alguna otra persona durante la vida de su cónyuge, y que viven ‘more uxorio’ con su pareja civil, y que eligen permanecer en este estado con pleno conocimiento de la naturaleza de su acto y con pleno consentimiento de la voluntad del acto, no están necesariamente en un estado de pecado mortal, y pueden recibir la gracia santificante y crecer en la caridad.»



3. «Un creyente católico puede tener pleno conocimiento de una ley divina y elegir violarla voluntariamente en una materia grave, pero no estar en un estado de pecado mortal como resultado de este acto.»

4. «Una persona, mientras obedece una prohibición divina, puede pecar contra Dios por medio de este mismo acto de obediencia.»

5. «La conciencia puede juzgar verdadera y correctamente que los actos sexuales entre personas que han contraído un matrimonio civil entre sí, aunque uno, o ambos, esté sacramentalmente casado con otra persona, a veces pueden ser moralmente correctos o reclamados o incluso mandados por Dios.»

6. «Los principios morales y las verdades morales contenidos en la revelación divina y en la ley natural no incluyen prohibiciones que condenan absolutamente ciertos tipos de actos, porque son siempre gravemente ilícitos a causa de su objeto.»




7. «Nuestro Señor Jesucristo quiere que la Iglesia abandone su antiquísima disciplina de denegar la Eucaristía a los divorciados y nuevamente casados, y de denegar la absolución a los divorciados y nuevamente casados que no expresen ninguna contrición, ni el propósito firme de enmendarse de su actual estado de vida.»











Todas estas proposiciones contradicen verdades que son divinamente reveladas, y que los católicos deben creer con el asentimiento de la fe divina. […] Es necesario para el bien de las almas que sean condenadas una vez más por la autoridad de la Iglesia. Al enunciar estas siete proposiciones, no pretendemos dar una lista exhaustiva de todas las herejías y errores que un lector imparcial, intentando leer «Amoris laetitia» en su sentido natural y obvio, consideraría como afirmadas, sugeridas o favorecidas por este documento. […] Más bien, pretendemos listar las proposiciones que las palabras, hechos y omisiones de Su Santidad, tal como ya fueron descritas, han efectivamente apoyado y propagado, para grave e inminente peligro de las almas.

Hay  que agregar la herejía contra el dogma de fe de la existencia del Infierno





Padre Murray condena Fiducia Supplicans: ‘El Papa Francisco no ha defendido la fe católica’

sábado, 6 de enero de 2024

Arzobispo Viganò: La defensa de la Fiducia Suplicante por parte del P. Fernández demuestra su 'herejía manifiesta'

 


En declaraciones a LifeSiteNews, el arzobispo Viganò condenó rotundamente la defensa de las bendiciones para personas del mismo sexo por parte del clérigo Fernández, calificándola de "usurpación de la sagrada autoridad de los pastores de la Iglesia de Cristo con el fin de destruirla".



CIUDAD DEL VATICANO (LifeSiteNews) - El arzobispo Carlo Maria Viganò ha declarado que el comunicado de prensa del cardenal Fernández defendiendo Fiducia suplicante forma parte de un intento de "provocar un cisma" y de "demolerla [la Iglesia] desde dentro", acusando al cardenal de "herejía manifiesta".

"{A}cualquier documento que lleve la firma de Tucho puede considerarse carente de todo valor, debido a la manifiesta herejía del propio Tucho y a su complicidad con Bergoglio en el descrédito de la Santa Iglesia usurpando su autoridad para demolerla desde dentro", escribió el arzobispo Viganò.

El ex Nuncio Papal hizo sus comentarios como parte de una entrevista exclusiva a LifeSiteNews realizada por correo electrónico. La entrevista se concertó a la luz de la Comunicado de prensa del 4 de enero del cardenal Víctor Manuel Fernández en la que el cardenal respondía a la opinión ampliamente negativa que Fiducia suplicante ha recibido en las últimas semanas. 

LEER: Cardenal Fernández: los obispos tienen prohibido "negar total o definitivamente" la Fiducia Supplicans

Fernández advirtió en esa declaración de que "no cabe distanciarse doctrinalmente" de Fiducia suplicante. También pareció tergiversar los diversos rechazos episcopales del documento, rechazos que se basan en FS' a favor de la bendición de personas del mismo sexo - afirmando que tal oposición "no puede interpretarse como oposición doctrinal, porque el documento es claro y definitivo sobre el matrimonio y la sexualidad".

Comentando el último texto de Fernández, Viganò dijo que era un intento de defender Fiducia suplicante "contra toda evidencia". 

Acusó al recién creado cardenal de actuar para provocar un cisma: 

Por el modo en que se ha desarrollado este escandaloso asunto -hasta el punto de no convocar la sesión plenaria del Dicasterio para discutir el contenido del documento- se comprende lo que ya he anunciado desde hace tiempo, a saber, que Bergoglio quiere provocar un cisma en la Iglesia y empujar a pastores y fieles a marcharse o, en todo caso, a encontrarse en una situación de ostracismo voluntario o impuesto en la que su resistencia sea efectivamente anulada o ignorada.

El ex nuncio también se hizo eco de los recientes comentarios del cardenal Gerhard Müller a LifeSite al criticar el intento de Fernández de distinguir el tipo de bendiciones ofrecidas. Viganò sugirió que Fernández se centraba deliberadamente en reiterar que la doctrina católica sobre el matrimonio no había cambiado "para engañar... para evitar tomar en consideración la sodomía, ese pecado contra natura que clama al Cielo por venganza, que de hecho Fiducia suplicante desclasifica y legitima". 

La intervención de Fernández el 4 de enero, dijo Viganò, fue un ejemplo de "jesuitismo".

Relacionó este estilo de reinterpretar la comprensión de las bendiciones con los posibles planes futuros de introducir diaconisas, clérigos casados o un nuevo concepto del sacerdocio, aspectos todos ellos que se están debatiendo en el Sínodo sobre la Sinodalidad:

Es previsible que con la misma hipocresía farisaica Tucho y su amo inventen una forma de "ministerio no ordenado" para las mujeres, por un lado reiterando que el Sacerdocio está limitado sólo a los varones, y esto es una doctrina perenne, pero añadiendo la "verdadera novedad" de un "ministerio no ordenado", es decir, de una sacerdocio-no sacerdocio de un diaconado-no diaconado. Todos ustedes comprenden que esto es pura locura, dictada por una mente herética e impulsada por una voluntad maligna.

A continuación se presenta la entrevista completa con el Arzobispo Viganò: LifeSiteNews



La subversión homosexual de Bergoglio ya había comenzado en Buenos Aires





¡Qué miseria y que horror!, exclama el profeta; el que se alimentaba con alimentos celestiales y vestía de púrpura, se vio luego cubierto de un manto manchado por los pecados, alimentándose de basuras estercolares... Y San Juan Crisóstomo, o sea el autor de la “Obra imperfecta”, añade: «Los seglares se corrigen fácilmente, en cuanto que los sacerdotes, si son malos, son a la vez incorregibles» San Alfonso Maria de Ligorio