martes, 3 de mayo de 2022

Derrota a las huestes del mal en tu hogar invocando mil veces el santísimo nombre de Jesús


 (Para rezarse el día 3 de Mayo o en cualquier día)

Cómo se rezan los mil Jesús:

Esta devoción consiste en invocar el Nombre de Jesús mil veces para derrotar de las casas a las huestes del mal. Como testimonio del triunfo del bien sobre el mal se hace una cruz de madera o de ramos de olivo o utilizamos alguna que tengamos en casa.
El Nombre de Jesús significa Salvador. Éste viene del cielo. A San José se lo manifestó un ángel en sueños (cfr. Mateo 1, 21) y a la Santísima Virgen, el arcángel Gabriel en el momento de la Anunciación (cfr. Lucas 1, 31-33).

El poder de intervención y la majestad de este Nombre es milagroso, porque está sobre todo nombre y ante el cual se arrodilla todo ser, en los cielos, en la tierra y en los infiernos. Para venerar este Nombre Sagrado, se hace un altar pequeño, con una cruz en el medio, dos velas, flores y un poco de agua bendita.

Podemos rezar los mil Jesús de la siguiente manera:
Nos persignamos. Por la señal de la Santa Cruz…
En silencio pedimos la gracia que se quiere.

Rezamos el Acto de Contrición

Rezar el Padrenuestro.

Al empezar la decena se dice:

“Santísima Cruz, mi abogada has de ser, en la vida y en la muerte me has de favorecer. Si a la hora de mi muerte el demonio me tentare, le diré: Satanás, Satanás, conmigo no contarás ni tendrás parte en mi alma, porque dije mil veces Jesús”.

Se pasan todas las cuentas del rosario diciendo Jesús, Jesús, Jesús… (50 veces) y cuando haya terminado de contar un rosario completo se dice un Gloria, un Padrenuestro y la oración final.

Cuando se hayan contado los 20 rosarios, se terminan los mil Jesús.

Oración final:

Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos, que, por tu Santa Cruz, redimiste al mundo.
Jesús, Jesús, Jesucristo.  Oh Jesús, mi Jesús por siempre. Jesús, Jesús en mi vida, Jesús, Jesús en mi muerte.
Dulce Jesús, sé mi Jesús y sálvanos.

Oremos

Oh, Dios, que, al recordar hoy el descubrimiento de la verdadera cruz, renovaste los milagros de tu pasión, concédenos que por el valor de aquel sagrado leño de vida alcancemos eficaz socorro y ayuda del cielo para la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.

Bendición final con agua bendita:

El Señor esté con vosotros.
Respuesta: Y con tu Espíritu.
La bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Nota: El 3 de Mayo hace referencia al descubrimiento de la verdadera Cruz el año 326,  esta devoción puede rezarse en cualquier momento. Es bueno decir que el demonio habita en aquellos hogares donde reina el pecado, por lo tanto hay que confesarse, ayunar y comulgar.

Devoción a Jesús en al cruz



Fuente: Pagina de los  Oblatos


✝✝✝

 

San Cirilo de Alejandría:

“Que nadie se avergüence de los símbolos sagrados de nuestra salvación [...]; llevemos mas bien por todas partes, como una corona, la Cruz de Cristo. Todo, en efecto, entra en nosotros por la Cruz. Cuando hemos de regenerarnos, allí esta presente la Cruz; cuando nos alimentamos de la mística comida; cuando se nos consagra ministros del altar; cuando se cumple cualquier otro misterio, allí esta siempre este símbolo de victoria. De ahí el fervor con que lo inscribimos y dibujamos, en nuestras casas, sobre las paredes, sobre las ventanas, sobre nuestra frente y en el corazón. Porque este es el signo de nuestra salvación, el signo de la libertad del genero humano, el signo de la bondad de Dios para con nosotros”.

 (San Juan Crisóstomo, Hom. sobre S. Mateo, 54). Los fieles tienen la costumbre de armarse con la señal de la santa cruz, y nosotros nos hemos servido siempre de ella para destruir los enredos y celadas del demonio y resistir a sus ataques, porque consideramos la cruz como un muro impenetrable; en ella ponemos toda nuestra gloria, y creemos que nos procura la salud: por esto el grande Doctor, San Pablo, escribe: que sentiría gloriarse en otra cosa que no fuese la cruz de Jesucristo.

 ✝✝✝
 
San Efren: “Armaos en todas vuestras acciones con la señal de la cruz como con un escudo; porque, pues nadie se atrevería a ofender al que lleva el sello de un Rey de la tierra, ¿qué podemos tener de parte ninguna los que llevamos la insignia sagrada del Soberano Emperador del cielo?

✝✝✝
 
“Crux Sacra Sit Mihi Lux” (“Que la Santa Cruz Sea Mi Luz”).


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“Bien es cierto que el lenguaje de la cruz resulta una locura para los que se pierden; pero para los que se salvan, para nosotros, es poder de Dios.” 

1 Corintios 1:18


✝ Filipenses 3:18-19

Porque muchos andan, de los cuales os dije muchas

veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos

de la cruz de CRISTO; Cuyo fin será perdición, cuyo dios es el vientre, y su gloria es en confusión; que sienten lo terreno

lunes, 2 de mayo de 2022

San Atanasio, Obispo y Doctor





Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger, Abad de Solesmes


 ¿Hay nombre más ilustre que el de San Atanasio entre los secuaces de la Palabra de verdad, que Jesús trajo a la tierra? ¿No es este nombre, símbolo del valor indomable en la defensa del depósito sagrado, de la firmeza del héroe frente a las más terribles pruebas de la ciencia, del genio, de la elocuencia, de todo lo que puede representar el ideal de santidad del Pastor unido a la doctrina del intérprete de las cosas divinas? Atanasio vivió para el Hijo de Dios; su causa fué la de Atanasio; quien estaba con Atanasio estaba con el Verbo eterno, y quien maldecía al Verbo eterno maldecía a Atanasio.

EL ARRIANISMO.— Nunca corrió la fe peligro mayor que en los días que siguieron a la paz de la Iglesia y que fueron testigos de la más espantosa tempestad que había combatido a la barca de Pedro. En vano pretendió Satanás ahogar en su sangre la descendencia de los adoradores de Jesús; la espada de Diocleciano y Galerio se había embotado en sus manos y la cruz que brillaba en los cielos proclamaba el triunfo del cristianismo. De pronto, la Iglesia victoriosa se siente sacudida en sus mismos cimientos.


El infierno envalentonado vomitó sobre la tierra una herejía que amenazaba devorar en poco tiempo el fruto de tres siglos de martirio. El impío Arrio se atreve a decir, que Aquel que fué adorado como Hijo de Dios por tantas generaciones después de los Apóstoles, no es sino una criatura más perfecta que las demás. Se produce entonces una enorme defección hasta entre las filas de la jerarquía sagrada; el poder de los Césares se pone del lado de la apostasía; y si no hubiera intervenido el mismo Señor, pronto hubieran dicho los hombres que la victoria del cristianismo no tuvo otro resultado que transformar el culto pagano sustituyendo sobre los altares un ídolo por otros que primeramente habían recibido el incienso antes que él.

EL DEFENSOR DE LA FE. — Pero el que había prometido que las puertas del infierno no prevalecerían contra la Iglesia, no tardó en cumplir su promesa. La fe primera triunfó: el concilio de Nicea reconoció y proclamó al Hijo consubstancial al Padre; pero necesitaba la Iglesia un hombre que, por decirlo así, encarnase la causa del Verbo, un hombre tan docto que pudiera desenmascarar los embustes de la herejía, y tan fuerte que pudiera atraer sobre sí todos los golpes, sin desfallecer jamás. Este hombre fué San Atanasio; quien adore y ame al Hijo de Dios, debe amar y glorificar a Atanasio. Desterrado hasta cinco veces de su Iglesia de Alejandría, perseguido a muerte por los arríanos, vino a buscar ya un refugio, ya un lugar de destierro en Occidente, que tuvo a gala acoger con cariño al ilustre confesor de la divinidad del Verbo. En recompensa de la hospitalidad que Roma le dispensó, Atanasio la hizo partícipe de sus tesoros, Admirador y gran amigo de Antonio, profesaba un afecto especial a los monjes, que la gracia del Espíritu Santo había hecho brotar en los desiertos de su vasto patriarcado. Trajo a Roma esta preciosa semilla, y los monjes que la acompañaban fueron los primeros que vió Occidente. La planta celeste se aclimató, y aunque su crecimiento fué lento al principio, en lo sucesivo fructificó más aún que en Oriente.

EL DOCTOR DE LA PASCUA. — Atanasio que expuso en sus escritos con tanta claridad y magnificencia el dogma de la divinidad de Jesucristo, celebró también el misterio de Pascua con elocuente majestad en sus Cartas festales, que dirigía cada año a las iglesias de su Patriarcado de Alejandría. La colección de sus cartas, que se daba por perdidas y no se conocía más que por algunos cortos fragmentos, se ha hallado casi completa en el monasterio de Santa María de Scete, en Egipto. La primera, que se refiere al año 329, comienza por las siguientes palabras, que expresan admirablemente los sentimientos que deben sentir todos los cristianos a la llegada de la Pascua. “Venid, muy amados, dice Atanasio a los fieles sometidos a su autoridad pastoral, venid a celebrar la fiesta; la hora presente os invita. Al dirigir sobre nosotros sus divinos rayos, el Sol de justicia nos anuncia que el tiempo de la solemnidad se aproxima. Ante esta noticia celebremos fiesta y no dejemos que la alegría se nos vaya con el tiempo que nos la trajo sin haberla experimentado.” Durante sus destierros Atanasio continuó dirigiendo a su pueblo la Carta pascual; sólo se vieron privados de ella algunos años. He aquí el principio de la que anuncia el comienzo de Pascua del año 338; fué enviada desde Tréveris a Alejandría. “Aunque lejos de vosotros, hermanos míos, no dejo de conservar la costumbre que siempre he observado con vosotros, desde que recibí de la tradición de los Padres. No guardaré silencio y no dejaré de anunciaros la Santa Fiesta anual, y el día en que debéis celebrar la solemnidad. Preso de las tribulaciones de las cuales sin duda habréis oído hablar, abrumado por las más graves pruebas, colocado bajo la vigilancia de los enemigos de la verdad, que espían cuanto escribo para encontrar de qué acusarme y aumentar de este modo mis males, siento sin embargo de eso, que el Señor me da fuerza y me consuela en mis tribulaciones. Me dirijo, pues, a vosotros, desde los confines de la tierra en medio de mis penas y através de las insidias que me rodean para haceros la proclamación anual del anuncio de la Pascua que es nuestra salvación. Dejando en manos del Señor mi suerte he querido celebrar con vosotros esta fiesta; la distancia de los lugares nos separa, pero yo no estoy ausente de vosotros. El Señor que nos concede las fiestas, que es El mismo nuestra fiesta, que nos ha dado el Espíritu Santo, nos une espiritualmente con los lazos de la concordia y de la paz.”

¡Qué magnífica es la Pascua celebrada por Atanasio desterrado en las orillas del Rin, unido espiritualmente con su pueblo que la celebraba a orillas del Nilo! ¡Cómo manifiesta el vínculo poderoso de la liturgia para unir a los hombres y hacerlos saborear en un momento, a pesar de las distancias, las mismas santas emociones y excitar en ellos las mismas aspiraciones hacia la virtud! Griegos o bárbaros, la Iglesia es nuestra patria común; pero la liturgia es junto con la fe, el medio por el cual todos nosotros formamos una familia, y la liturgia nada tiene de más expresivo en el sentido de la unidad, que la celebración de la Pascua. Las desdichadas iglesias del Oriente y del Imperio ruso, apartándose del resto del mundo cristiano para celebrar un día, exclusivo para ellas la Resurrección del Salvador, demuestran por esto que no forman parte del único rebaño del que El es el único pastor.

VIDA. — Nació San Atanasio en Alejandría, hacia el año 295. Joven aun recibió las Ordenes, y se distinguió por su ciencia y su piedad, y prontó llegó a ser el colaborador preferido de su tío Alejandro, obispo entonces de Alejandría. En 320, siendo diácono, San Atanasio publicó su primera obra doctrinal: “Discurso contra los gentiles y sobre la Encarnación del Verbo”. Acompañó en 325 a Alejandro al concilio de Nicea y contribuyó a al condenación de Arrio. El 328, sucedió a su tío en la silla de Alejandría y trabajó en reducir toda la provincia de Egipto a la fe ortodoxa. Su celo le mereció ser duramente combatido por los herejes. Habiéndo abrazado los emperadores el partido de los arrianos, no tardaron, a consecuencias de calumnias, en condenarlo como rebelde. Cinco veces le desterraron. De 335 a 337 a Tréveris. En 339 se refugió en Roma, donde le defendió el Papa. Las demás veces, antes de abandonar su rebaño, prefirió esconderse en el mismo Egipto, donde los monjes, que le tenían en gran veneración le ofrecieron en la Tebaida refugio inviolable. Desde allí publicó fulgurantes obras polémicas contra los arríanos. En todo su largo pontificado, no conoció sino un período de tranquilidad: fué la “década de oro” de 346 a 356, durante la cual pudo entregarse en paz a su ministerio episcopal, instruyendo a su pueblo y a su clero, socorriendo a los desgraciados y favoreciendo la vida monástica. Los últimos años los pasó en paz. Murió en. Alejandría en 373. Su cuerpo fué trasladado a Constantinopla, y en 1454 a Venecia. Su cabeza dicen se halla en Semblancay, en Turena. ELOGIO.— ¡Oh Atanasio! te sentaste en la sede de Marcos en Alejandría. El salió de Roma para ir a fundar la segunda sede patriarcal: y tres siglos más tarde tú llegabas a Roma, sucesor de Marcos, para obtener del sucesor de Pedro que la injusticia y la herejía no prevalecieran contra esa silla augusta. Nuestro Occidente te admiró héroe sublime de la fe; te recibió en su seno; veneró en ti al noble desterrado, al confesor valeroso; y tu estancia en nuestras regiones quedó entre sus más caros y gloriosos recuerdos.

ORACIÓN POR LA IGLESIA. — Sé el abogado de las regiones en que otro tiempo se extendió tu jurisdicción de Patriarca y acuérdate también del apoyo y hospitalidad que te ofreció Occidente. Roma te protegió, tomó a pecho tu causa, promulgó la sentencia en que te declaraba inocente y te restituía tus derechos; desde las alturas de los cielos devuélvela cuanto hizo por ti; sostén y alienta a su Pontífice, sucesor del Papa Julio I, que te ayudó hace ya diez y seis siglos. Una terrible tempestad se ha desencadenado contra la roca que sostiene a todas las iglesias y el iris de paz no brilla aún en las nubes. Ruega, oh Atanasio, para que estos tristes días sean abreviados y que la silla de Pedro deje de ser el blanco de los ataques de mentira y de la violencia que a la vez son objeto de escándalo pará los pueblos.

PLEGARIA POR LA CONSERVACIÓN DE LA FE. — Tus trabajos, oh gran doctor, ahogaron el arrianismo; pero esta odiosa herejía ha levantado la cabeza en estos días. Extiende sus estragos a favor de esa caricatura de ciencia que se une al orgullo y que ha llegado a ser el gran peligro de los tiempos presentes. El Hijo eterno de Dios, consubstancial al Padre, es blasfemado por los adeptos de una filosofía perniciosa que no tiene inconveniente en ver en El al primero de todos los hermanos, con tal de afirmar que sólo fué hombre. En vano la razón y la experiencia demuestran que todo es sobrenatural en Jesús; ellos se obstinan en cerrar los ojos, y llenos de mala fe, a un lenguaje de admiración hipócrita mezclan el desprecio por la fe cristiana que reconoce en el Hijo de María al Verbo eterno, encarnado para la salvación de los hombres. Confunde a los nuevos arríanos, pón al descubierto su soberbia debilidad y sus artificios; disipa ilusión de sus desgraciados adeptos; que al fin sea reconocido que esos pretendidos sabios que se atreven a blasfemar de la divinidad de Cristo, van a perderse en los vergonzosos abismos del panteísmo, o en el caos del escepticismo, en cuyo seno desaparece toda moral y toda inteligencia se apaga.

Conserva en nosotros, por tus méritos y oraciones, el don precioso de la fe que el Señor se dignó confiarnos; alcánzanos que confesemos y adoremos siempre a Jesucristo como a nuestro Dios eterno e infinito, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado y no hecho, que se dignó tomar carne de María por nosotros los hombres y por nuestra salvación. Revélanos sus grandezas hasta el día en que podamos contemplarlas contigo en la gloria. Entretanto conversaremos con El por la fe sobre esta tierra testigo de los esplendores de su resurrección.

Amaste a este Hijo de Dios, Creador y Salvador nuestro. Su amor fué el alma de tu vida, el móvil de tu consagración heroica a su servicio. Ese amor te sostuvo en las luchas en que el mundo entero parecía conspirado contra ti; te hizo más fuerte que todas las tribulaciones; alcanza para nosotros ese amor que nada teme porque es fiel, ese amor que debemos a Jesús, que siendo el esplendor eterno del Padre, su sabiduría infinita, se dignó humillarse hasta tomar la forma de esclavo, y hacerse por nosotros obediente hasta la muerte y muerte de Cruz ¡Cómo pagaríamos su entrega por nosotros sino dándole todo nuestro amor a ejemplo tuyo, y celebrando tanto más sus grandezas, cuanto más El se humilló por nosotros!

sábado, 30 de abril de 2022

Santa Catalina de Siena

 

Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger, Abad de Solesmes

LA MÍSTICA. .— ¿Quién se atreverá a emprender la tarea de contar los méritos de Santa Catalina o de enumerar siquiera los títulos de gloria de que está rodeada? Se encuentra entre las primeras filas de las esposas de Jesús. Como virgen fiel se unió al Esposo divino desde sus tiernos años. Su vida, consagrada por tan noble voto, se deslizó en el seno de la familia, hasta que estuvo preparada para cumplir la alta misión a que la destinaba la Providencia divina. El Señor, que quería glorificar por ella el estado religioso la inspiró unirse por medio de la profesión a la orden tercera de los Frailes Predicadores. Tomó su hábito y practicó toda su vida sus santos ejercicios. Se trasluce desde el principio en los modales de la sierva de Dios algo celestial, como si un ángel hubiera bajado a vivir en la tierra para llevar en su cuerpo una vida humana. Su vuelo hacia Dios es irresistible, y hace pensar en el ímpetu que arrastra a las almas gloriosas hacia el supremo bien, ante cuya presencia estará ya siempre. En vano el peso de la carne mortal intenta retardar su vuelo; la energía de la penitencia la hace someterse, la suaviza y la aligera. Parece vivir sóla el alma en cuerpo transformado. Le basta para sostenerle el divino manjar de la Eucaristía; y la unión con Cristo es tan completa, que se imprime sus sagradas llagas en los miembros de la virgen y le dan a gustar los dolores de la Pasión.

Desde el interior de esta vida tan elevada sobre los humanos, Catalina no vive ajena a ninguna de las necesidades de sus hermanos. Su celo es fuego para las almas, su compasión tierna como la de una madre para con las dolencias de sus cuerpos. Dios abrió para ella la fuente de los milagros y Catalina los derrama a manos llenas sobre los hombres. Las enfermedades y la muerte misma obedecen a su mandato, los milagros se multiplican en torno de ella.


Las comunicaciones divinas con ella comenzaron desde sus primeros años, y el éxtasis llegó a ser en ella un estado casi habitual. Sus ojos vieron con frecuencia al divino resucitado que la prodiga sus caricias y sus pruebas. Los más altos misterios estuvieron a su alcance y una ciencia que nada tenía de terrena iluminó su inteligencia. Esta joven sin cultura compondrá escritos sublimes, en los cuales los horizontes más profundos de la doctrina del cielo, se exponen con precisión y elocuencia sobrehumanas, con un acento que aún hoy día penetra las almas.

ACCIÓN POLÍTICA. — No quiso el cíelo que tantas maravillas permanecieran ocultas en un rincón de Italia. Los santos son columnas de la Iglesia y si, a veces, su acción es misteriosa y callada, a veces también se manifiesta a las miradas de los hombres. Entonces se hacen patentes los resortes con que Dios gobierna al mundo. Al final del siglo xiv, era necesario hacer volver a la ciudad eterna al Vicario de Jesucristo, ausente de su Sede desde hacía más de sesenta años. Un alma santa, pudo con sus méritos y oraciones, lograr que se realizase este retorno tan deseado por toda la Iglesia; quiso el Señor esta vez qué esto fuera público; “en nombre de Roma abandonada, en nombre de su divino Esposo que también lo es de la Iglesia, Catalina pasa los Alpes, y se presenta al Pontífice que nunca vió a Roma, y a quien tampoco Roma había conocido. La Profetisa le intima respetuosamente el deber que tiene que cumplir; como garantía de su misión le revela un secreto que sólo él conoce. Gregorio XI se da por vencido y la ciudad eterna ve de nuevo a su padre y pastor. Pero, a la muerte del Pontífice, un cisma, presagio de mayores males, viene a desgarrar el seno de la Iglesia. Catalina, lucha contra la tempestad hasta su último aliento; pero el año treinta y tres se acerca; el Señor no quiere que sobrepase la edad que El consagró en su persona; ha llegado el tiempo de que la virgen vaya a continuar en los cielos su ministerio de intercesión por la Iglesia que tanto amó, y por las almas rescatadas con la sangre de Cristo.

Vida. — Santa Catalina nació en Sena el 25 de marzo de 1347. A los siete años hizo voto de castidad perpetua. Después de gran oposición su madre la permitió recibir el hábito de las Hermanas de Sto. Domingo, pero viviendo en el siglo. Su vida la pasó cuidando a los enfermos, calmando los odios que dividían a las familias, y convirtiendo pecadores con sus exhortaciones y oraciones. Escribió al Legado del Papa en Italia, pidiéndole la reforma del clero, la vuelta del Papado de Aviñón a Roma, y la organización de una cruzada contra los infieles. En 1376, enviada por los florentinos, emprendió un viaje a Aviñón, para defender ante el Sumo Pontífice la causa de Florencia, sobre la cual el Papa había tenido que lanzar el entredicho, a causa de su rebelión. Además se aprovechó para pedir de nuevo a Gregorio XI volviera a Roma. Al comienzo del gran Cisma, sostuvo ardientemente la causa de Urbano VI, sin lograr hacerla triunfar. Favorecida con las más elevadas gracias espirituales, dictó en el curso de sus éxtasis el Dialogo que encierra toda su doctrina mística. Murió en Roma, el año 1380. Su cuerpo descansa en la iglesia de Santa María de Minerva. El Papa Pío II la canonizó en 1461 y Pío IX en 1866 la declaró segunda patrona de Roma.

PLEGARIA POR TODOS. — Absorta la Iglesia en las glorias de la resurrección, se dirige a ti, oh Catalina, que sigues al Cordero a donde quiera que va’. En este lugar de destierro donde no puede detenerse por mucho tiempo, no goza de su presencia sino a intervalos; por lo cual te pregunta: “¿Encontraste al que ama mi alma?”2 Eres su Esposa, también ella lo es; pero para ti ya no hay velos, no hay separación, mientras que para ella el gozo es raro y fugaz, y la luz, velada por las sombras. ¡Pero cuál ha sido tu vida, oh Catalina! Has unido la más profunda compasión por los dolores de Jesús a las alegrías más embriagadoras de la vida gloriosa. Nos puedes iniciar en los misterios del Calvario y en las magnificencias de la Resurrección. Estamos en Pascua, en la vida nueva; procura que la vida de Jesús no se extinga en nuestras almas, sino que crezca por el amor del que la tuya nos ofrece admirable ejemplo.

PLEGARIA POR LA IGLESIA. — Concédenos participar, oh virgen, de tu adhesión filial a la Santa Iglesia, que te hizo emprender tan grandes cosas. Te afligías de sus dolores y te alegrabas en sus alegrías como hija sumisa. También nosotros deseamos amar a nuestra madre, proclamar los lazos que nos unen a ella, defenderla contra sus enemigos, ganarla nuevos hijos generosos y fieles.

El Señor se sirvió de tu débil brazo, oh mujer inspirada, para restituir en su silla al Romano Pontífice. Fuiste más fuerte que los elementos humanos que se afanaban por prolongar una situación desastrosa para la Iglesia. Las cenizas de Pedro en el Vaticano, las de Pablo en la Vía Ostiense, las de Lorenzo y Sebastián, las de Cecilia e Inés y las de tantos millares de mártires, saltaron de gozo en sus tumbas, cuando el carro triunfal que llevaba a Gregorio XI entró en la Ciudad.

PLEGARIA POR ITALIA. — Ruega también, oh Catalina, por Italia que tanto te amó y que estuvo tan orgullosa de tus gestas. En ella está suelta hoy la impiedad y la herejía; se blasfema el nombre de tu Esposo, se predica al pueblo descarriado las doctrinas más perversas, se le enseña a maldecir de todo lo que un día veneró, la Iglesia es ultrajada y la fe, desde tanto tiempo debilitada, amenaza extinguirse; acuérdate de tu desgraciada patria, oh Catalina. Es ya hora de que vengas en su ayuda y la libres de las garras de sus enemigos. La Iglesia entera espera de ti la salvación de esta ilustre provincia de su imperio; calma las tempestades y salva la fe en este naufragio que amenaza devorarlo todo.

miércoles, 27 de abril de 2022

Memorare a San José para una necesidad Urgente


 “Acuérdate, oh ilustre patriarca San José, por testimonio de Santa Teresa, tu  fiel devota, que jamás se oyó decir que ninguno que invocó tu protección o buscó tu mediación, haya quedado sin consuelo. Con esta confianza me presento ante ti, mi protector amoroso, casto esposo de María, padre adoptivo del Salvador de los hombres y dispensador de los tesoros de Su Sagrado Corazón. No desprecies mi oración ferviente, sino  escúchala favorablemente y obtén mi petición….


(Aquí mencione su solicitud)


Oremos

Oh Dios, que por tu inefable Providencia te dignaste elegir a San José para ser el esposo de tu Santísima Madre, concédenos, te suplicamos, que aquel a quien veneramos como nuestro protector en la tierra, sea nuestro intercesor en el Cielo. Tú que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

San José, patrono de una muerte dichosa, ruega por nosotros.

martes, 26 de abril de 2022

El Credo de los Apóstoles (Símbolo de los Apóstoles)


Creo en Dios, Padre Todopoderoso,

Creador del cielo y de la tierra.
 
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
 
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna.
Amén.

lunes, 25 de abril de 2022

San Marcos Evangelista

 

Año Litúrgico 
Dom Prosper Guéranger,
El León evangélico que asiste ante el trono de Dios, con el hombre, el toro y el águila, es honrado hoy por la Iglesia. Este día vió a Marcos subir de la tierra al cielo, ceñida su frente de Ia doble corona de Evangelista y mártir.


EL EVANGELISTA. — Al modo como los cuatro profetas mayores Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel, resumen en sí la predicación de Israel, así también Dios quiso que la Nueva Alianza descansase sobre cuatro textos augustos, destinados a revelar al mundo la vida y doctrina de su Hijo encarnado. Marcos es discípulo de Pedro. Escribió su Evangelio en Roma bajo la inspiración del príncipe de los Apóstoles. Ya estaba en uso en la Iglesia la narración de Mateo, pero los fieles de Roma deseaban juntar con ella la narración personal de su Apóstol. Pedro no escribe personalmente sino que encarga a su discípulo tomar la pluma y el Espíritu Santo guía la mano del nuevo Evangelista. Marcos sigue la narración de San Mateo; la abrevia pero a la vez la completa. Una palabra, un detalle, manifiestan que Pedro, testigo de todo, ha inspirado el trabajo de su discípulo. Pero el nuevo Evangelista ¿pasará por alto, o tratará de atenuar la falta de su maestro? Al contrario; el Evangelio de Marcos será más duro que el de Mateo en la narración de la negación de Pedro. Da la impresión de que las amargas lágrimas provocadas por la mirada de Jesús en casa de Caifás no cesaron de correr. Cuando Marcos terminó su trabajo Pedro le reconoció y le aprobó; las iglesias acogieron con alegría esta segunda exposición de los misterios de la salvación del mundo, y el nombre de Marcos se hizo célebre por toda la tierra.

Mateo que comienza su Evangelio con la genealogía humana del Hijo de Dios realizó la figura del Hombre; Marcos la del León, porque comienza su narración por la predicación de San Juan Bautista, recordando que la misión del Precursor del Mesías había sido anunciada por Isaías al hablar de la Voz del que clama en el desierto; voz del león cuyos rugidos resuenan en las soledades.

EL MISIONERO. — Comenzó Marcos su apostolado cuando escribió su Evangelio. Llegó el momento, para Egipto, cuna de todos los errores, de recibir la verdad. La soberbia Alejandría vería levantarse dentro de sus muros la segunda Iglesia de la cristiandad, la segunda sede de Pedro. Marcos fué escogido por su Maestro para esta gran obra. Por su predicación, la doctrina salvadora germinó, floreció y fructificó en esta tierra infiel. Desde un principio se manifestó la autoridad de Pedro, aunque en distinto grado, en las tres grandes ciudades del imperio: Roma, Alejandría y Antioquía.

EL MÁRTIR. — La gloria de Marcos hubiera quedado incompleta sin la aureola del martirio. El gran éxito de la predicación del Santo Evangelista, le acarreó el furor de la antigua superstición egipcia. En una fiesta de Serapis, fué maltratado por los idólatras y arrojado a un calabozo. Por la noche se le apareció el Señor resucitado, cuya vida y obras había narrado, y le dijo estas célebres palabras que son la divisa de la república de Venecia: “¡Paz sea contigo, Marcos, mi Evangelista”! A lo que el discípulo emocionado contestó: ¡”Señor”! Su amor y su alegría no hallaron otras palabras. Del mismo modo Magdalena la mañana de Pascua enmudeció después de aquel grito salido de su corazón: “¡Maestro!” Al día siguiente, Marcos fué martirizado por los paganos. Pero había cumplido su misión en la tierra y se le abría el cielo para ir a ocupar, junto al trono del “Anciano de muchos días” la silla de honor en que le contempló en sublime visión el profeta de Patmos.

En el siglo ix la Iglesia de Occidente fué enriquecida con los despojos mortales de San .Marcos. Sus sagrados restos venerados hasta entonces en Alejandría, fueron trasladados a Venecia y bajo sus auspicios comenzaron los gloriosos destinos de esta ciudad, que habían de durar mil años. La fe en un tan gran patrón, obró maravillas en aquellos islotes y lagunas, de los que pronto surgió una ciudad tan poderosa como magnífica. El arte bizantino construyó la imponente y suntuosa iglesia que fué defensa de la reina de los mares y la nueva república acuñó sus monedas con la efigie del León de San Marcos. ¡Dichosa de ella si hubiera sido más sumisa a Roma y más severa en sus costumbres; nunca habría degenerado de su grandeza ni de la fe de sus mejores tiempos!

PLEGARIA. — Eres, oh Marcos, el misterioso León, uncido con el hombre, el toro y el águila al carro sobre el que el Rey de la gloria va a la conquista del mundo. Ya en la Antigua Ley te contempló Ezequiel en el cielo, y Juan, el profeta de la Nueva Ley, te reconoció junto al trono de Dios. ¡Qué grande es tu gloria!, historiador del Verbo hecho carne, manifiestas a todas las generaciones los títulos por los que le corresponden el amor y la adoración de los hombres. La Iglesia se inclina ante tus escritos y los proclama inspirados por el Espíritu Santo. Te hemos oído narrar el mismo día de Pascua la Resurrección de Nuestro Señor; haz, oh Santo Evangelista, que este misterio produzca en nosotros todos sus frutos; que nuestro corazón como el tuyo se una a Jesús resucitado, para que le sigamos por doquier en esta nueva vida que nos ha abierto resucitando El primero. Pídele se digne darnos su paz como se la dió a sus Apóstoles cuando se les apareció en el Cenáculo, como te la dió a ti mismo en la prisión.

Fuiste discípulo de Pedro; Roma se gloría de haberte tenido dentro de sus muros. Ruega por el sucesor de Pedro, tu maestro, y por la Iglesia de Roma combatida por la tempestad. León evangélico ruega al León de la Tribu de Judá en favor de su pueblo, despiértale de su sueño, que se levante con su poder y con su sola presencia ahuyentará a sus enemigos.

Apóstol de Egipto, ¿qué ha sido de tu Iglesia de Alejandría, segunda sede de Pedro, enrojecida con tu sangre? Hasta sus ruinas han desaparecido. El viento abrasador de la herejía desoló a Egipto y Dios airado desencadenó contra él, trece siglos ha, el torrente del Islam. ¿Deben aquéllas regiones renunciar para siempre a ver brillar la antorcha de la fe, hasta la venida del Juez de vivos y muertos? No lo sabemos, pero en medio de los acontecimientos que se suceden, osamos pedirte, oh Marcos, que intercedas por estas regiones que evangelizaste y en las cuales las almas están tan devastadas como su suelo.

Acuérdate también de Venecia. Su corona cayó, acaso para siempre; pero todavía vive allí un pueblo cuyos antepasados se consagraron a ti. Conserva la fe en su seno; haz que prospere, que se levante de sus desdichas y que dé gloria a Dios que ha descargado sobre ella su justicia.

LA PROCESION DE SAN MARCOS

HISTORIA. — Es de notar este día en los fastos litúrgicos por la célebre procesión llamada de San Marcos. Sin embargo de eso, este nombre no es exacto, ya que la procesión estaba ya fijada el 25 de abril, antes de la institución de la fiesta del Santo Evangelista, que aún no tenía día fijo en la Iglesia romana en el siglo vi. El verdadero nombre de esta procesión es el de “Letanías Mayores.” El nombre de Letanía, significa Súplica, y se dice de una procesión religiosa durante la cual se ejecutan cánticos cuyo fin es alcanzar algo del cielo. Esta palabra significa también la exclamación que se profiere al decir: “¡Señor, tén piedad de nosotros!” Este es el sentido de las palabras griegas: “Kyrie eleison.” Más tarde se ha dado el nombre de Letanías a todo el conjunto de invocaciones que se añadieron a las palabras griegas, de forma que llegaron a constituir una oración litúrgica, que en circunstancias importantes emplea la Iglesia.

A las Letanías Mayores, se le da este nombre para distinguirlas de las Letanías Menores o procesiones de Rogativas, instituidas en las Galias en el siglo v. Sabemos por un pasaje de San Gregorio Magno que era costumbre de la Iglesia de Roma, celebrar cada año una Letanía Mayor, en la que tomaban parte el clero y el pueblo y que esta costumbre era ya antigua. El Santo Pontífice no hizo sino fijar al 25 de abril esta Procesión, y señalar para estación la Iglesia de San Pedro. Muchos liturgistas han confundido con esta institución las procesiones que San Gregorio prescribió muchas veces en calamidades públicas y que son distintas de la de hoy. Esta era anterior, aunque no se conoce la fecha de su origen. Va fija a este día y no a la fiesta de San Marcos que es posterior. Si sucede que el 25 de abril cae en la semana de Pascua, la Procesión tiene lugar el mismo día, a no ser que en él caiga la Pascua. En cuanto a la fiesta del Evangelista se la traslada después de la octava.

Acaso se pregunte por qué se ha escogido el 25 de abril para fijar en él una Procesión y una Estación en que todo respira compunción y penitencia, en una estación del año en que la Iglesia se entrega a las alegrías de la Resurrección del Señor.

Entre los antiguos romanos el 25 de abril se celebraba la fiesta de las Robigales. Consistía en una procesión muy popular que iba de la vía Flaminia al templo del Robigo. En él se ofrecían sacrificios y oraciones a dicha divinidad para que preservarse los sembrados de la roya. En efecto, estamos en la época de las heladas tardías de la luna roja. Una vez más la Iglesia sustituyó una creencia pagana por otra cristiana.

No se puede dejar de consignar el contraste tan fuerte que existe entre las algrías del momento presente y los sentimientos de penitencia que deben acompañar a la Procesión y Estación de las Letanías Mayores, instituidas ambas con el fin de alcanzar la misericordia divina. Colmados de toda clase de favores en este santo tiempo, inundados por las alegrías pascuales no nos entristezcamos porque la Iglesia ponga por unas horas sentimientos de compunción que tanto convienen a los pecadores como nosotros.

Se trata de desviar los azotes que merecen las iniquidades de la tierra, de obtener por la humildad, y con la invocación de la Madre de Dios y de los Santos, el término de las enfermedades y la conservación de las mieses: de ofrecer a la justicia divina una compensación por el orgullo y malicia del hombre. Entremos en estos sentimientos y reconozcamos humildemente la parte que corresponde a nuestros pecados en los motivos que han excitado la cólera divina; y nuestras pobres súplicas, unidas a las de la Iglesia, obtendrán gracia para los culpables y para nosotros mismos que formamos parte de ellos.

Este día consagrado a la reparación de la gloria divina no podía pasar sin las expiaciones con que el cristiano debe acompañar la ofrenda de su corazón arrepentido. Hasta la reciente reforma del Derecho eclesiástico, en este día, se exigía en Roma la abstinencia de carne, y cuando fué implantada en Francia la Liturgia romana por Pipino y Cario Magno, como la gran Letanía del 25 de abril ya estaba en uso, se promulgó el precepto de abstinencia. El Concilio de Aquisgrán de 836 añadió la obligación de suspender los trabajos serviles y esta disposición se halla en los capitulares de Carlos el Calvo. En cuanto al ayuno propiamente tal, como el tiempo pascual no lo permite, parece no haberse observado por lo menos de un modo general. En el siglo ix afirma Amalario que no se observaba en Roma.

Mientras la procesión se cantan las Letanías de los Santos seguidas de numerosos versículos y oraciones que las completan. La Misa de la Estación se celebra según el rito de la Cuaresma, sin gloria y con color morado. Los fieles encontrarán la Misa y las Letanías en sus devocionarios. Nos falta espacio para reproducirlas aquí.

Permítasenos protestar contra la negligencia de muchos cristianos, de personas más o menos dadas a la piedad, a las cuales jamás se las ve asistir ni a la Procesión de San Marcos, ni a la de las Rogativas. La relajación en este punto ha llegado al colmo, sobre todo en las ciudades. Estos mismos fieles han recibido con satisfacción la dispensa de la abstinencia, que limitada al principio a algunas diócesis, en nuestros días ha sido extendida a todos los fieles, Al parecer, esta indulgencia debiera hacerles tomar mayor parte en la oración, ya que la dispensa ha aliviado la parte correspondiente a la penitencia. La Procesión de los fieles en las Letanías, forma parte esencial de este rito reconciliador, y Dios no está obligado a tener en cuenta unas oraciones en las que no toman parte aquellos que están llamados a ofrecérselas. Este es uno de los muchos puntos en que una pretendida devoción privada tiene engañadas a muchas personas. Cuando San Carlos Borromeo entró en la ciudad de Milán, también halló que su pueblo dejaba solos a los clérigos en la Procesión del 25 de abril. Se impuso a sí mismo la obligación de asistir e iba con los pies descalzos. No tardó el pueblo en seguir los pasos de su pastor.


sábado, 23 de abril de 2022

San Jorge defensor de la cristiandad

 

San Jorge es conocido por su intercesión en las batallas: El ejercito de Aragón ganó la batalla de Alcoraz contra los musulmanes gracias a la aparición de San Jorge.

 Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger

EL MÁRTIR. — Se nos propone hoy a San Jorge como el valeroso campeón de Cristo resucitado. La Iglesia oriental, que le llama el gran Mártir, introdujo pronto su culto en Occidente y la caballería cristiana le ha amado y honrado corno uno de sus más queridos patronos.

La Iglesia no lee en el oficio de Maitines la leyenda de San Jorge, sino simplemente un pasaje de San Cipriano sobre los combates de los mártires. En efecto, el decreto sobre los libros apócrifos atribuido al Papa San Gelasio, menciona entre los libros no recibidos las Actas de San Jorge, redactadas por un autor herético. Más modernamente se han encontrado unas Acias escritas en griego, a las que al principio se creyó debía darse mayor crédito, pero que al fin hay resultado también desprovistas de autoridad.

Sin embargo de eso, se puede afirmar que San Jorge padeció por la fe antes de Constantino en Lidda, ciudad de Palestina, hacia el año 303. Su martirio es confirmado por el culto que se le ha tributado por lo menos desde el siglo v.


SU CULTO. — Comenzó en Oriente. La ciudad en que padeció el martirio se llamó ciudad de San Jorge, y en ella se levantó una basílica en su honor. Musulmanes y cristianos creen que sus reliquias descansan en la cripta colocada debajo del altar. En Egipto tuvo dedicadas 40 iglesias y tres monasterios. En las Galias el rey Clodoveo, muerto en 512, construyó un monasterio y le dio el nombre de San Jorge, y San Germán de Parías (f 576) propagó mucho su culto. Santa Clotilde le tuvo una devoción particular y le dedicó la iglesia de su querida abadía de Chelles. Pero este culto alcanzó su mayor esplendor en la época de las Cruzadas, cuando nuestros caballeros fueron testigos de la veneración que los pueblos de Oriente tenían a San Jorge, y oyeron narrar las maravillas de su auxilio en los combates. Los historiadores bizantinos cuentan muchos casos notables, y los mismos cruzados no tardaron en experimentar los efectos de la confianza que habían puesto en el auxilio de este poderoso conductor de los ejércitos cristianos. La república de Génova le nombró su patrono y la de Venecia le honró, después de San Marcos, como su protector especial. Pero no lia habido nación del mundo católico que haya sobrepasado a Inglaterra en la devoción tributada a San Jorge. No solamente un Concilio nacional tenido en Oxford en 1222, ordenó que la fiesta del gran mártir se celebrase como de precepto en toda Inglaterra; no solamente el culto del valeroso soldado de Cristo fue profesado en la gran Bretaña por los primeros reyes normandos, sino que hay razones para sostener, como lo atestiguan los monumentos anteriores a las invasiones de Guillermo el Conquistador, que la devoción particular de la nación inglesa hacia San Jorge, le era tributada desde los siglos ix y x como a un protector particular. Eduardo III no hizo sino manifestar el sentimiento piadoso de su nación para con el celestial guerrero, cuando colocó debajo de su patrocinio la insigne orden de la Jarretera, que fundó en 1330. También debemos hacer mención de la orden militar de San Jorge que estableció Federico III en Alemania en 1468.

ICONOGRAFÍA. — A San Jorge se le representa montado en un dragón, y librando con este acto de valor a una princesa a la que el monstruo iba a devorar. Esta escena de la que el arte ha sabido sacar un gran partido, es puramente simbólica y tiene su origen en los monumentos iconográficos bizantinos. Significa el triunfo que San Jorge obtuvo sobre el demonio por su generosa confesión. La princesa representa a Alejandra, a quien la constancia del mártir conquistó a la fe. Ni en las Actas de San Jorge, ni en los himnos de la liturgia griega, se hace mención del dragón con que luchó el mártir, ni tampoco de la princesa a quien libró de un peligro temporal. Esta fábula sólo circuló en Occidente a partir del siglo xiv, y su origen viene de la interpretación demasiado naturalista de las efigies consagradas a San Jorge por los griegos, y que se introdujeron en nuestras iglesias al final de las Cruzadas.


PLEGARIA POR LA MILICIA TEMPORAL.— ¡Oh San Jorge, eres la honra de la milicia cristiana! El servicio del príncipe temporal no te hizo olvidar tus obligaciones para con el rey del cielo. Derramaste tu sangre por la fe de Cristo, y en recompensa él te ha constituido jefe y guía de los ejércitos cristianos. Sé su sostén ante las filas enemigas, y concede la victoria a los defensores de la causa justa. Protégelos debajo de tu estandarte, cúbrelos con tu escudo y esparce el miedo delante de ellos. El Señor es el Dios de los ejércitos, y la guerra entra a veces en los planes de su Providencia, ya en vista de su justicia, ya en la de su misericordia. Jefes y soldados tienen necesidad del auxilio celestial. Al hacer la guerra, parecerá a veces que hacen la obra del hombre, mientras que en realidad hacen la de Dios. Por esta razón son más accesibles que los demás hombres a los sentimientos generosos, y por eso mismo su corazón es más religioso. El sacrificio, el peligro, los eleva sobre ellos mismos; también los soldados tienen su lugar distinguido entre los fastos de los mártires. Vela por el ejército de nuestra patria. Hazle tan cristiano como valeroso; sabemos que no han puesto en vano en ti sus esperanzas los hombres de guerra.


PLEGARIA POR LA MILICIA ESPIRITUAL. — En la tierra no sólo existe milicia temporal; hay otra en la que están alistados todos los fieles de Cristo. San Pablo, hablando de todos nosotros, ha dicho: “que no serán coronados sino los que lucharen legítimamente”. Hemos de contar con la lucha en este mundo, si escuchamos las exhortaciones del mismo Apóstol: “Cubríos con la armadura de Dios, nos dice, para que podáis resistir los ataques del diablo. Tomad por cinturón la verdad, por coraza la justicia, por calzado la resolución de andar por el camino del Evangelio, por escudo la fe, por casco la esperanza de la salvación y por espada la palabra de Dios”. ¡Somos, pues, guerreros como tú! Nuestro Jefe divino resucitado, antes de subir al cielo quiere pasar revista a su ejército; preséntanos a El. Nos ha admitido en las filas de su guardia, a pesar de nuestras infidelidades pasadas; a nosotros por tanto corresponde hacernos dignos de tal honor. La prenda de la victoria la tenemos en la Eucaristía, ¿cómo nos hemos de dejar vencer? Vela por nosotros, ¡valiente guerrero! Que tus oraciones nos ayuden mientras tus ejemplos nos animan a luchar como tú contra Satanás. Cada pieza de nuestra armadura le es temible; el mismo Jesús la ha preparado para nosotros y la ha templado en su sangre; da fuerzas a nuestro valor, para que podamos como tú, presentársela entera, el día en que nos invite a su descanso eterno.



PLEGARIA POR TODA LA CRISTIANDAD. — La cristiandad entera tiene necesidad de que te acuerdes de los homenajes que te prodigó en otros tiempos. Por desgracia la antigua piedad hacia ti se ha enfriado, y para muchos cristianos tu fiesta pasa inadvertida. No te ofendas por ello, ¡oh santo mártir!, imita a tu Maestro que hace salir su sol sobre los buenos y malos. Ten piedad de este mundo en medio del cual ha sido sembrado el error, y que en este momento se agita en convulsiones terribles. Mira con compasión a Inglaterra, que ha sido seducida por el dragón infernal. Los antepasados te lo piden desde el cielo, ¡oh poderoso guerrero!; sus hijos te suplican desde la tierra. En nombre de Jesús resucitado te conjuramos ayudes a la resurrección de un pueblo que fue tuyo.