jueves, 8 de septiembre de 2022

Nacimiento de la Santísima Virgen María


San Jerónimo:

Como Dios es limpio sólo puede conocerse por el que es limpio de corazón. No puede ser templo de Dios el que no está completamente limpio, y esto es lo que se expresa cuando dice: "Porque ellos verán a Dios".

 

Santoral Franciscano

 Natividad de la Virgen María, descendiente de Abrahán, nacida de la tribu de Judá y de la progenie del rey David, de la cual nació el Hijo de Dios, hecho hombre por obra del Espíritu Santo, para liberar a la humanidad de la antigua servidumbre del pecado. La celebración del cumpleaños de la Virgen, en que los fieles le ofrecen su homenaje e imploran su protección, está ligada a la basílica de Santa Ana, construida en el siglo V en el ámbito de la piscina Probática (Jn 5,1-9), junto al templo de Jerusalén. La tradición localizaba allí la casa de Joaquín y de Ana, padres de la Virgen. El protoevangelio apócrifo de Santiago fija el lugar del nacimiento de María en las cercanías del Templo, y ya en el siglo V los peregrinos visitaban junto a la piscina Probática «la iglesia de Santa María, en la que ella nació». La basílica actual fue edificada por los cruzados; en la cripta se venera la casa de Joaquín y de Ana, y el lugar del nacimiento de su hija María. La liturgia une el aniversario del nacimiento de la Virgen con la perspectiva del comienzo de los misterios de la salvación. La celebración mariana es la primicia de los bienes que su Hijo nos traerá. En esta misma fecha, o en los días inmediatos, se celebra también a la Virgen bajo múltiples nombres y advocaciones.


- Oración: Concede, Señor, a tus hijos el don de tu gracia, para que, cuantos hemos recibido las primicias de la salvación por la maternidad de la Virgen María, consigamos aumento de paz en la fiesta de su Nacimiento. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.





Sermón de San Bernardo, Abad

¿Qué es lo que brilla como una estrella en la generación de María? Claramente ella nació de una línea real; ella era de la simiente de Abraham, descendiente de la familia de David. Si esto parece ser demasiado poco, agregue a este hecho otro. Ella es conocida por ser el regalo de Dios a esa casa en particular por su santidad; que ella había sido prometida por el cielo mucho antes de que naciera su padre; prefigurado por figuras místicas; predicho por las palabras de los profetas. Ella había sido simbolizada por la vara sacerdotal que floreció sin raíz, por el vellón de Gedeón húmedo en medio de la era seca; por la puerta oriental en la visión de Ezequiel, que nunca se había abierto a nadie. De ella, más que de ninguna otra, habló Isaías en profecía cuando predijo la vara que brotaría de la raíz de Jesé, y luego habló más claramente de la virgen que daría a luz a un Hijo. Muy bien se escribió que una gran señal aparecería en los cielos, una gran señal que se sabe que había sido prometida previamente desde el cielo.

sábado, 3 de septiembre de 2022

Oración pidiendo a San Pío X su poderosa ayuda

 

Glorioso Papa de la Eucaristía, San Pío X, que te has empeñado en “restaurar todas las cosas en Cristo”. Obtenme un verdadero amor a Jesucristo, de tal manera que sólo pueda vivir por y para Él. Ayúdame a alcanzar un ardiente fervor y un sincero deseo de luchar por la santidad, y que pueda aprovechar las riquezas de la Sagrada Eucaristía en sacrificio y sacramento. Por tu gran amor a María, madre y reina de todo lo creado, inflama mi corazón con una tierna y gran devoción a ella.

Bienaventurado modelo del sacerdocio, obtén para nosotros sacerdotes santos y fieles, y aumenta las vocaciones a la vida religiosa. Disipa la confusión, el odio y la ansiedad, e inclina nuestros corazones a la paz y la concordia, a fin de que todas las naciones se coloquen bajo el dulce reinado de Jesucristo.

Amén.



San Pío X, ruega por mí.

3 de Septiembre: San Pío X

 3 de septiembre

SAN PÍO X,
Papa y Confesor
n. 2 de junio de 1835 en Riese (Treviso), Italia;
† 20 de agosto de 1914

SAN PÍO X, Papa y COnfesor

"Hay un gran movimiento de apostasía que se está organizando en todos los países para el establecimiento de una Iglesia Unica Mundial que no tendrá dogmas, ni jerarquía, ni disciplina para la mente, ni freno para las pasiones,  bajo el pretexto de la libertad y de la dignidad humana ... los verdaderos amigos del pueblo no son revolucionarios ni innovadores: son tradicionalistas".

ORACIÓN

Oh Dios, que para defender la fe católica y restaurar todas las cosas en Cristo, has llenado al Sumo Pontífice San Pío X de celeste sabiduría  y apostólica fortaleza; concede propicio que siguiendo sus enseñanzas y ejemplos, haciendo a un lado los respetos humanos, defendamos también nosotros nuestra fe contra los enemigos internos de la Iglesia -los modernista- que con valentía y firmeza denunció  este gran santo en su encíclica Pascendi Dominici Gregis y consigamos los premios eternos. Por el mismo  Señor Nuestro Jesucristo, tu hijo que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén 



Año Litúrgico – Dom Prospero Gueranger, Abad de Solesmes

PELIGROS GRAVES.—La ancianidad de León XIII, cuyo pontificado fué tan largo y glorioso, se vió entristecida por la aparición de peligros graves que amenazaron a la Iglesia. Una herejía sutil atacaba derechamente al corazón mismo de la Revelación, y, con la apariencia engañosa de un esplendente progreso, destruía las tradiciones y alteraba el dogma. Con todo eso, de ningún otro Papa de los tiempos modernos había proyectado más luz sobre los hombres. El número y la calidad de sus Encíclicas le colocan entre los grandes Doctores, que acertaron a comprender su época, y a resolver las candentes cuestiones actuales. Se le escuchó, se le aplaudió; pero en muchísimas esferas no se le entendió, y hasta, to que era más grave, se llegó a alterar el pensamiento del Papa.

Las ciencias eclesiásticas que León XIII procuró renovar por medio del tomismo, derivaban por caminos opuestos; la acción social católica, que él había definido con claridad, se veía su plantada por la elaboración de una falsa democracia liberal; el laicismo, invadiendo todos los dominios, amenazaba con oscurecer enteramente en los espíritus los principios que regulan las sociedades y sus relaciones con la Iglesia.



INSTAURARE OMNIA IN CHRISTO. — León XIII no tuvo tiempo para desenmascarar y abatir al “modernismo”, esa hidra de la que cada cabeza era una antigua herejía resucitada. No tuvo tampoco tiempo para emprender el reajuste de las instituciones eclesiásticas que le permitiesen ejercer con mayor amplitud, armonía y eficacia las funciones esenciales de magisterio y de gobierno que emanan de la autoridad suprema de la Silla Apostólica. Pero Dios le concedió el sucesor que realizaría sus deseos. San Pío X era uno de sus discípulos más fieles, penetrado de las doctrinas de sus magníficas encíclicas, y que tenía igualmente la clara visión de los daños que amenazaban a la Iglesia. En fin, la mucha experiencia que había adquirido en el gobierno de las almas, como cura párroco, como obispo y como Patriarca, junto con sus excepcionales dotes naturales y con una santidad eminente, le habían preparado para llevar al cabo uha obra de renovación universal en la Iglesia. Desde el primer día de su pontificado dió a conocer la extensión de su programa, al tomar por lema las palabras con las que San Pablo define el programa de Dios mismo al salvar el mundo: Instaurare omnia in Christo; obra que esencialmente se realizó al fin de la vida del Redentor, pero cuyo cumplimiento perfecto debe verificarse en todos los tiempos, con el concurso de los hombres mismos. San Pío X hacía de este modo saber que las circunstancias no pedían al Papa una vigilancia especial sobre tales o cuales puntos de la vida de la Iglesia, sino que todas las cosas, “omnia”, exigían una revisión con mano vigorosa, a fin de que ninguna escapase a Cristo ni a la Redención.


LA VIDA LITÚRGICA. — Es sumamente notable que, para proceder en esta renovación universal, su primer acto tuviese por fin algo que muchos entonces juzgaron insignificante. Por un Motu Proprio fechado pocos meses después de su elección, realizaba la primera etapa de una reforma completa de la liturgia, mediante las prescripciones sobre el canto sagrado. Con esto su santidad se nos revela en uno de sus aspectos más atrayentes, más profundos y más auténticos. Pío X, este gran hombre de acción, fué en primer término un hombre de oración. Y la oración que primeramente recomienda, es la oración pública y solemne de la Iglesia: la oración que reúne en una alabanza común, en una oración común, en un sacrificio común, todas las almas bautizadas. Esto es ya un anticipo de la oración de la eternidad; la oración del cielo inaugurada en la tierra y acomodada a las con diciones de este tiempo de prueba. El papa Santo quiso que los fieles comenzasen por hallat el sentido de esta sublime oración litúrgica, envuelta en la oración que Jesucristo dirige a su Padre, inspirada por el Espíritu Santo, presente en su Iglesia, y oración que debe ser la fuente la inspiración normal de las oraciones privadas, personales, a las que además deben los fieles entregarse cada día.

La oración será siempre la principal palanca de la acción de Pío X. Pero esta renovación del canto gregoriano no es más que el principio de toda una serie de reformas y empresas de orden litúrgico, que orientarán por sendas nuevas y tradicionales a la vez, la vida espiritual de los bautizados. Reforma del Breviario, que armoniza y proporciona la distribución de los Salmos, y que da al domingo el puesto preeminente que el culto de los Santos le había hecho perder durante la Edad Media; desarrollo del culto eucarístico, invitación apremiante a la comunión frecuente y diaria, y esto desde el uso de razón; en fin, instauración del ideal del sacerdote tal cual conviene a nuestro tiempo. Todo el ardor de la caridad del Papa Santo, ignis ardens, se deja ver en sus enseñanzas y en sus prescripciones. De este modo se dilata poco a poco en la Iglesia una maravillosa renovación de vida espiritual, junto con una unión más total de las almas entre sí y con Jesucristo.

Resultado de esto fué el doble acrecentamiento simultáneo, por una parte, de las fuerzas de resjstencia contra los ataques o amenazas de los enemigos, y, por otra, del grandioso homenaje rendido a Dios en una forma más extensa, más elevada y más pura.

ORGANIZADOR Y LEGISLADOR. — No sin razón el papa Santo había comenzado por recordar al pueblo fiel la importancia capital, no tan sólo de la oración, cosa que nunca se había perdido de vista, sino muy particularmente de la oración litúrgica: es, sobre todo, porque ésta es la oración de la Iglesia. Así pues, queriendo restaurarlo todo en Cristo, por la Iglesia y en la Iglesia convenía invitar a los hombres a volver a hallar a Cristo. La Iglesia es a la vez el camino para llegar a Cristo; y es también el mismo Cristo, extendido y comunicado a todas las almas, pues la Iglesia es su cuerpo místico. Este cuerpo visible es el que Pío X quiso hacer cada día más atrayente y más acogedor para las almas. No quiso en manera alguna que la Iglesia pareciese una sociedad religiosa anticuada, una supervivencia medieval, el bello testimonio de un pasado concluido, sin relación con el presente y sin influencia sobre él: era indispensable un esfuerzo sano de reajuste a la sociedad moderna. León XIII tuvo ya plena conciencia de ello; pero debió consagrarse a lo más urgente: la Proclamación de las doctrinas, bastante desconocidas, y le faltó tiempo para emprender i reorganización de los servicios del gobierno y de la administración eclesiástica. Pío X no retrocedió ante tal reforma de la Curia y de las oficinas de las Congregaciones Romanas. Se trataba de un mundo de funcionarios apegados a costumbres seculares que era menester reavivar. No faltaron vivas resistencias. Pero el Papa Santo sabía mostrar, cuando hacía falta, no menos fortaleza y tenacidad que dulzura y paciencia. En pocos años se llevó a cabo toda la reforma; algunas Congregaciones quedaron suprimidas otras se fusionaron, y a todas se las señalaron atribuciones bien precisas. Solo esta revolución pacífica hubiera bastado para hacer glorioso su pontificado. Mas Pío X a esto añadió todavía la refundición completa del Derecho Canónico. Con todo eso, el Código no se había terminado a su muerte, y fué su sucesor, Benedicto XV, quien le promulgó declarando al mismo tiempo que esta obra importantísima colocaba a Pío X en las filas de los mayores canonistas de la historia.

EL DEFENSOR DE LA FE.—Pero esta obra de restauración no habría dado mucho fruto si el fundamento mismo de la unidad de la Iglesia, la fe, hubiese quedado directamente amenazado por las infiltraciones de la herejía. El espíritu de orden y de justicia que se manifestaba en las reformas institucionales ya realizadas, debía llevar al Papa Santo a proseguir las enseñanzas de León XIII, y a hacer brillar en toda su pula doctrina cristiana. Tuvo por lo mismo lanzarse a la lucha contra la insidiosa herejía, que pretendía destruir el fundamento de la fe. Puede decirse que los once años de su pontificado fueron una magistral y vigorosa afirmación de la fe católica contra ella. Recuerda los grandes dogmas que los modernistas alteraban hasta el punto de aniquilarlos: Dios, a la vez trascendente y presente a todas las criaturas; el orden sobrenatural y sus relaciones con la razón y la ciencia; Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre; la esencia de la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, sociedad sobrenatural, fundada sobre Pedro; la distinción entre la Iglesia docente y la Iglesia discente; el valor absoluto de las definiciones dogmáticas; la profunda eficacia de los Sacramentos, que sobrepasa con mucho al puro simbolismo; las reglas de la interpretación de la Biblia; el sentido de la Historia; las relaciones entre la Iglesia y el Estado; las condiciones de la salvación. De esta manera, con una claridad maravillosa, restablecía todos los elementos de nuestra vocación a un fin sobrenatural, al que sólo se puede llegar mediante la gracia gratuita de nuestro Redentor. Su máximo anhelo de restaurar todas las cosas en Cristo, se manifiesta sobre todo en esta solicitud por devolver todo su brillo a la pureza de la fe de la Iglesia. Su delicadeza de conciencia era extrema en este punto, y, para desenmascarar y condenar las menores tendencias heterodoxas, demostró una firmeza y una justicia inflexibles.

EL SANTO. — Pío XII, al describir en la homilía de la canonización la rica personalidad de San Pío X, dijo de él que era un figura gigante y apacible. Este es, efectivamente, el distintivo de su santidad, la cual supo juntar, mejor que en la mayoría de los demás Santos, una grandeza sobrehumana en la obra que realizó, con una humildad, una bondad, una sencillez que atraía hacia sí las almas. Supo en primer término cumplir en sí mismo el programa con que había brindado a los hombres: y Cristo reinó como Señor en su corazón, en su inteligencia, en su voluntad. La breve noticia que Pío XII ha insertado en el Martirologio para la fiesta de nuestro Santo, indica en pocas palabras la plenitud de dones y de virtudes sobrenaturales que engalanaba su alma y daba fecundidad a sus obras. Uno no sabe qué admirar más, si su caridad ardiente, su espíritu de piedad, su sentido de orden y de justicia, su profunda humildad, su desprendimiento o la integridad de su fe y la firmeza de sus directivas. Realizó el ideal del cristiano, del sacerdote y del Pontífice. Y en todas las cosas demostró un sentido penetrante de las necesidades, de las aspiraciones, de las energías de su tiempo. Es a la vez el juez y eí doctor de nuestra sociedad moderna, y es asi mismo el modelo de la santidad que conviene a los hombres de hoy. Ojalá nuestras sociedades decristianizadas se vuelvan hacia él, escuchen mensaje y soliciten sus oraciones. Sometidas de nuevo al suave yugo del Rey Pacífico, hallarán al fin, la solución que ningún otro poder de éste mundo podrá jamás procurarlas.

VlDA. José Sarto nació en Rieze, en la diócesis de Treviso, el 2 de junio de 1835, de padres pobres, pero de una honradez y virtud notables. Bautizado el día siguiente, fué confirmado el 1 de septiembre de 1845 y recibió por primera vez la Eucaristía el 6 de abril de 1847. Ingresó en el Seminario de Padua en 1850 y fué ordenado de sacerdote el 17 de septiembre de 1858. Nombrado párroco de Salzano y luego Canciller del Obispado y director espiritual del Seminario de Treviso, llegó a ser Obispo de Mantua en 1884, y Cardenal y Patriarca de Venecia en 1893. El 4 de agosto de 1903 fué elevado al Sumo Pontificado, que aceptó a pesar suyo y como una cruz, y tomó el nombre de Pío X. Los desastres de la guerra que no logró conjurar, le hicieron morir de dolor el 20 de agosto de 1914. El pueblo católico entero le consideró inmediatamente como Santo y después de múltiples gracias y numerosos milagros obtenidos por su intercesión, Pío XII le beatificó el 3 de junio de 1951 y, en fin, le canonizó el 29 de mayo de 1954.

ORACIÓN DE SU SANTIDAD Pío XII. — ¡Oh glorioso Pontífice, siervo fiel del Señor, humilde y leal discípulo del Divino Maestro en el dolor y en la alegría, en los cuidados y en las inquietudes, Pastor experimentado de la grey de Cristo!, vuelve tu vista hacia nosotros. Difíciles son los tiempos en que vivimos, rudos los esfuerzos que de nosotros reclaman. La Esposa de Cristo confiada un día a tus cuidados, se encuentra de nuevo entre graves tormentas. Sus hijos se ven amenazados de innumerables peligros en el aima y en el cuerpo. El espíritu del mundo, como león rugiente, ronda en su derredor buscando a quien devorar. Muchos llegan a ser víctimas suyas; tienen ojos y no ven; tienen oídos y no oyen; apartan su mirada de la luz de la verdad eterna; oyen la voz de insidiosas sirenas, de mensajes engañosos. Tú, que fuiste en la tierra un gran inspirador y guía del pueblo de Dios, sé nuestra ayuda y nuestro intercesor y el de todos los que se proclaman discípulos de Jesucristo.

¡Oh Santo Pío X, gloria del sacerdocio y honra del pueblo cristiano! tú, en quien la bondad pareció hermanarse con la grandeza, la austeridad con la mansedumbre, la piedad sencilla con la doctrina profunda; tú, Pontífice de la Eucaristía y del Catecismo, de la fe íntegra y de la firmeza impávida, vuelve tus miradas hacia la Iglesia que tanto amaste y a la que diste el mayor de los tesoros que la Bondad divina había, con mano pródiga, depositado en tu alma. Obtenía la integridad y la constancia en medio de las dificultades y de las persecuciones de nuestros días; alivia a esta pobre humanidad, en cuyos dolores tuviste tanta parte, que acabaron por detener los latidos de tu magnánimo corazón. Haz que la paz triunfe en este mundo agitado; la paz que debe ser armonía entre las naciones, concordia fraterna y colaboración sincera entre las clases sociales, amor y caridad entre los hombres, a fin de que, de este modo, las angustias que agotaron su vida apostólica, se transformen, merced a tu intercesión, en una realidad de dicha, para gloria de nuestro Señor Jesucristo, quien con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Así sea.

 

Oración por la Conversión de los Pecadores

 Oh Señor Jesús, el más misericordioso Salvador del mundo, te rogamos y suplicamos, a través de tu Sacratísimo Corazón, que todas las ovejas descarriadas regresen ahora a Ti, el Pastor y Obispo de sus almas. Que vives y reinas con Dios Padre y el Espíritu Santo, Dios por los siglos de los siglos. Amén.


(300 Días Pío X, 1905.)



viernes, 2 de septiembre de 2022

Septenario a las Ánimas del Purgatorio

San Nicolás de Tolentino fue solemnemente declarado Patrono de las Santas Almas por el Papa León XIII en 1884.

San Nicolás de Tolentino, que vivió en el siglo XIII, tuvo una experiencia mística que lo hizo patrono de las almas del purgatorio. Un sábado en la noche, después de prolongada oración, estaba en su lecho, queriendo dormirse, cuando escuchó una voz lastimera que le decía: “Nicolás, Nicolás, mírame si todavía me reconoces. Yo soy tu hermano y compañero Fray Peregrino. Hace largo tiempo que sufro grandes penas en el purgatorio. Por eso, te pido que ofrezcas mañana por mí la santa misa para verme por fin libre y volar a los cielos… Ven conmigo y mira”. El santo lo siguió y vio una llanura inmensa cubierta de innumerables almas, entre los torbellinos de purificadoras llamas, que le tendían sus manos, llamándolo por su nombre y le pedían ayuda.

Conmocionado por esta visión, Nicolás la refirió al Superior que le dio permiso para aplicar la misa durante varios días por las almas del purgatorio. A los siete días, se le apareció de nuevo Fray Peregrino, ahora resplandeciente y glorioso, con otras almas para agradecerle y demostrarle la eficacia de sus súplicas. De aquí tiene su origen la devoción del septenario de San Nicolás en favor de las almas del purgatorio, es decir, mandar celebrar siete días seguidos la misa por las almas del purgatorio. 




SAGRADO SEPTENARIO EN SUFRAGIO DE LOS SIETE ESTADOS DE LAS SANTAS ALMAS DEL PURGATORIO

Apostolado de Piedad Popular

Tomado de: "Filotea por los muertos";


IMPRIMATUR


In Curia Archiep., Mediolani, die 18 octobris 1901.


SAM MANTEGAZZA, Ep. Famag., Vie. Gen.



Instrucciones para hacer este Septenario:

Aquí se advierte al lector devoto que a este precedente se suelen añadir siete misas sucesivas, cuando es posible, que se celebran durante siete días por los siete estados distintos de las almas santas del Purgatorio, a imitación de lo que hizo San Nicolás de Tolentino, quien, celebró siete misas en su sufragio, liberó a una gran multitud. No pudiendo hacerlos celebrados, al menos escuchas la Santa Misa durante siete días.


 


ORACIÓN


Dios mío, considerando las llamas más ardientes entre las que están sufriendo tantas almas escogidas de tus hijas, vengo a implosionar de tu misericordia sufre por ellas, en virtud de los méritos de tu divino Hijo, cuya vida, pasión y muerte quiero hacer, interponerme aquí en Ti por esas Almas.


¡Y tú, glorioso San Nicolás de Tolentino, que hiciste un soberano tan grande en la tierra de esas Almas, ¡Oh! ahora sé mi abogado e intercesor ante Dios del Cielo; Validad estas débiles oraciones y sufragios míos, para obtener de la divina clemencia la liberación y el alivio de aquellas almas de las que tanto me prometo.


 



1. Mi Señor Jesucristo, por esa caridad que os llevó al mundo a encarnaros en el seno de una Virgen por amor a las almas, os suplico ahora que queréis sucumbir al estado de aquellos, que desde hace mucho tiempo están sufriendo en medio de los dolores de la Purga, y entre ellos especialmente te ruego que ayudes a los más antiguos. Pater, Ave, Requiem.

Pater Noster, qui es in caelis,

sanctificétur nomen Tuum,

adveniat Regnum Tuum,

fiat volúntas tua,

sicut in caelo et in terra.

Panem nostrum cotidiánum

da nobis hódie,

et dimitte nobis débita nostra,

sicut et nos dimittímus

debitóribus nostris;

et ne nos indúcas in tentationem,

sed libera nos a malo.

Ave María,
gratia plena,
Dominus tecum,
benedicta tu in muliéribus,
et benedictus fructus ventris tui Iesus.

Sancta Maria, Mater Dei,
ora pro nobis peccatoribus,
nunc et in ora mortis nostrae.

Amen.

“Requiem aeternam dona eis Domine, et lux perpetua luceat eis. Requiescant in pace. Amen.”

 




2. Mi Señor Jesucristo, por esa caridad que te llevó a nacer en un establo por amor a las almas, te ruego que ahora quieras ayudar al estado de quienes más tiempo han estado ardiendo entre esas llamas, y especialmente de los últimos que ingresaron y es como novicio entre otros. Pater, Ave, Requiem.

3. Mi Señor Jesucristo, por esa caridad que te llevó a vivir entre tantas penurias del mundo por el amor de las almas, te ruego que ahora quieras ayudar al estado de los más abandonados, y especialmente de los que son más que todos los necesitados. Pater, Ave, Requiem.


 


4. Mi Señor Jesucristo, por esa caridad que te llevó a predicar la fe verdadera en el mundo con tantas señales y milagros por el amor de las almas, te pido que ayudes a que los que han sido condenados por tu justicia a más dolores serios y por más tiempo en el Purgatorio, sobre todo del que ahora más sufre bajo tu pesado brazo. Pater, Ave, Requiem


 


5. Mi Señor Jesucristo, por esa caridad que te llevó a ser tan maltratado, vilipendiado y condenado por amor a las almas, te ruego que quieras ayudar al estado de los más cercanos a salir del Purgatorio, y especialmente del que podría liberarse de este sufragio. Pater, Ave, Requiem.


 


6. Mi Señor Jesucristo, por esa caridad que te llevó a ser flagelado y coronado de espinas por amor a las almas, te ruego que ayudes a los más santos y destinados a mayor gloria, especialmente a los más queridos. Pater, Ave, Requiem.


 


7. Mi Jesucristo, por esa caridad que te llevó a morir en la cruz por el amor de las almas, te ruego que ayudes al estado de aquellos a los que más estoy destinado, especialmente a aquél por el que más me inclino y que tú conoces. Pater, Ave, Requiem.

Oración pidiendo la Protección de San Nicolás de Tolentino

 

Martirologio Romano: En Tolentino, del Piceno, san Nicolás, presbítero, religioso de la Orden de Ermitaños de San Agustín, el cual, fraile de rigurosa penitencia y oración asidua, severo consigo y comprensivo con los demás, se autoimponía muchas veces la penitencia de otros ( 1305).

Fecha de canonización: 1 de febrero de 1447 por el Papa Eugenio IV

Fiesta: 10 de Septiembre

San Nicolas fue uno de los santos (junto a San Juan Bautista y San Agustín), que vinieron del cielo para llevar a Sta. Rita al convento. Ella también fue de la orden agustina.



¡Oh brillante estrella de la santidad! esplendor y alarde de la Orden Agustiniana; nuestro poderoso protector, San Nicolás, escucha desde el cielo las oraciones de tus devotos. Enséñanos a imitar el ejemplo de virtud heroica que diste aquí abajo, a refrenar nuestras pasiones y refrenar nuestros apetitos rebeldes, para que podamos vivir siempre a la luz de la gracia divina y escapar del inmundo contagio del pecado habitual. Procura para nosotros un amor de Jesús como el que llenó tu propio corazón sin pecado, y una tierna devoción a María su Madre, para que seamos más como tú en el amor como niños hacia ella. Fortalécenos en los esfuerzos por alcanzar el cielo, para que seamos siempre fieles a Jesús y María; y fortalécenos con tus oraciones, para merecer una participación en las alegrías radiantes e infinitas que disfrutas ahora y por la eternidad. Amén.

Cinco minutos en compañía de San Nicolás de Tolentino pidiendo su poderosa ayuda

 


Con Licencia Eclesiástica

 

Mucho tiempo hace que te esperaba, porque conozco las necesidades en que te encuentras y cuyo socorro deseas obtener del Señor por mi intercesión. Estoy a punto de dispensártela, manifiéstame sinceramente lo que necesitas, franquéame tu corazón afligido, yo derramaré sobre él, una gota de bálsamo celestial, que cure todas las llagas y haga desaparecer sus dolores ¡Pobre amigo mío! ¡cuántas son tus adversidades, tribulaciones e indigencias, así del cuerpo como del alma! ¿no es verdad que deseas mi auxilio para llevar a feliz término aquel asunto?... ¿para salir airoso de aquel pleito?... ¿para encontrar aquella cosa perdida?... ¿para cobrar aquellos intereses? ¿para precaver aquel mal que te amenaza?... ¿para conseguir aquel bien que deseas?... ¿para restituir la paz en la familia… o en aquella otra donde sabes que ha echado raíces la cizaña de la discordia?... ¿para impetrar el dolor de los pecados para ti y para aquellas otras personas?... ¿para liberarte a ti y aquellos tus amigos del peligro del pecado?... ¿para aliviar tales o cuales almas, allegadas tuyas, de las penas del purgatorio?... Manifiéstame, manifiéstame, hijo mío, con entera confianza tus deseos, prontísimo estoy a escuchar tus súplicas, con tal que no sean contra tu bien espiritual.
Hacer la petición _______________

Mas, en cambio de mi generosa protección, te voy a pedir una insignificante muestra de agradecimiento. Si me quieres hallar siempre propicio, se mas asiduo en la recepción de los Santos Sacramentos, mas devoto de la Pasión del Señor y de nuestra amantísima Madre María, más amante de los pobres y de las almas del purgatorio, pues has de saber que nada niego, cuanto se me pide mediante alguna ofrenda material para los primeros o espiritual para las segundas. Has de tener, en suma, una voluntad pronta y decidida, no solo para ser cristiano, sino aun para seguir la divina vocación si te llama a estado más perfecto.



Bien, ahora ya te concedo la gracia que más ansiabas, recibe mi bendición, y vete en paz a tus quehaceres, y jamás vuelvas a pecar.